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miércoles, 3 de agosto de 2011

Satisfacciones y placeres


Y les cuento esto porque la semana pasada hice dos labores muy importantes. La primera y primordial, motivo de nuestro viaje: recoger en persona mi título (¡Plas!¡plas!¡plas! -aplausos- ... leve inclinación hacia adelante y voz temblorosa: "Gracias a todos por su apoyo. Gracias de verdad.").

La segunda y no menos importante:  viajaaaaaar, acción que la Real Academia Española define con una triste economía en las palabras como "Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción"... cuando todos sabemos que es muuuuuuucho más que eso. 

Hay muchas cosas que podría contarles y la mejor manera de hacerlo es ilustrando las palabras con imágenes porque bien cierto es el dicho que nos recuerda que una de las segundas vale por más de mil de las primeras. 
Nuestro primer destino era Vic (población de la que ya les conté algo en otra entrada). La llegada era emocionante; esta vez suponía un punto y seguido (no "y final" porque ya sabemos que la formación no se acaba jamás y se perpetúa en la vida hasta que las neuronas quieran).

Aproximación al destino:



Tengo que decir que era la primera vez que hacía el camino desde el aeropuerto de Barcelona por carretera... toda una novedad ahorrarse la media hora del primer tren, la espera y la hora y tres cuartos del segundo.
Y al llegar y vencer (obtención del preciadísimo papelito que me habilita para traducir) hicimos un lindo recorrido por el centro histórico para volver a ver los detallitos en todas las fachadas y la inmensidad de los edificios. 







Esta es la fachada de la Catedral de Sant Pere. Su historia es bien interesante. 


Y éste, un puente antiquísimo por debajo del cual pasaba una cascadita de agua fresca de montaña y nadaba una familia de patitos a sus anchas.
...

Y de ahí a Girona
¡Qué ciudad! Y pensar que tiene todos sus encantos celosamente escondidos, porque a mí nadie me había contado lo impresionante que es. En su momento debió concentrar mucho poder porque esa arquitectura no se hace de un día para el otro ni tampoco con dos centavos. Conclusión: imponente.


No debería hacer comparaciones porque son odiosas, pero quizás esta escalinata nada tenga que envidiar a la de la Plaza España de Roma. 

Y esa arcada medieval del barrio judío, ayuda a la reflexión.



¿Y estas calles, perdidas en el tiempo? 


Pónganse a pensar en la experiencia de tomarse una ensalada de rúcola con parmesano, pasas de uva, nueces y aderezo de balsámico en una de esas mesitas junto con una copita de vino blanco bien fresquito. ¿Paraíso?

 ¿Y la viva imagen del relax en un balcón? Charla sosegada tras la jornada de trabajo, aire fresquito corriendo entre las callejuelas, vistas privilegiadas del empedrado y sus recovecos y una cervecita con pistachos para amenizar la tarde. ¿Se imaginan algo mejor?

Y para rematar, esos detallitos vintage que son como las perlas que, despedigadas por las fachadas, las tiendas y los escaparates impregnan de un ambiente entre parisino y años 20 que nos hace marcharnos con el puntito justo de fascinación y la dosis exacta de ganas de volver a saborear los rincones de una ciudad llena de charme.


'Colmados' de felicidad...


miércoles, 8 de junio de 2011

Disfruta del camino



Parece mentira que uno pase muchas veces por el mismo lugar y no se pare a mirar los detalles de lo que ve (y no mira). ¿Por qué pasa eso? ¿Somos naturalmente despistados o nos introvertimos para ir por la calle y que parezca que pensamos en algo muy serio? Casi me inclino por lo primero.
Y digo esto porque resulta que llevo cuatro años (sí, 4) yendo a Vic a la universidad (población a unos sesenta y pico kilómetros de Barcelona) y nunca había reparado en algunas fachadas o en callejuelas que descubrí en éste, mi último viaje (sí! último!). Ahora, para que no se me olviden por si no vuelvo (volveré con cualquier excusa, estoy segura, entre otras formalizar por fin mi título) inmortalicé algunos de esos lugares para mostrárselos a ustedes.
Acá es donde anduve todos los períodos de exámenes durante los últimos años (febreros y junios)...


Ésta es de las fachadas más modernas que hay por allá. No es el típico estilo del pueblo pero sí que llama la atención ¿o no?


Acá intentamos espiar en el interior de este ¿palacete? No sé cómo se llamará pero es de una arquitectura exquisita.

La farmacia con su reloj incrustado y esos detalles alrededor de los balcones.
El conjunto de fachadas de uno de los cuatro lados de la Plaza Mayor donde los sábados a la mañana hay mercado y las tenderas ofrecen todo tipo de gangas... y te sugieren que 'ya que te llevaste el pie te pruebes unos zapatos'...

Y otro de los lados de la plaza... realmente increíble tanto edificio peculiar en tan pocas calles. No es que sea chiquito pero tampoco se tarda demasiado en recorrer.
La cuestión es que me fijé en ellos esta vez. ¿Por qué esta vez y no las anteriores? Supongo que al final, a pesar de la inmensa alegría que me supone acabar de estudiar, la gotita de nostalgia está ahí porque la etapa se cierra y se pasa a la siguiente. Como si tirásemos el dado y tuviéramos que decidir entre varios caminos, todos inciertos...
Quizás lo miré con otros ojos y eso sirve para apreciar aquello, hasta ahora, inapreciado (por desapercibido y por poco valorado... todo junto). La conclusión: no sólo hay que apuntar al fin objetivo sino hay que ir disfrutando del camino mientras se llega a él.
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