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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Remedios para defectos congénitos

¿Ustedes son de esas que se complican un poco la vida cuando tienen invitados? Yo sí. Es algo que no puedo controlar y creo que es hereditario. Recuerdo, de pequeña, las mil fiestas de cumpleaños en mi casa donde mi madre y mi tía se ponían con la tensión a punto del infarto por culpa de la comida. Nada de cosas sencillitas. Todo era caserísimo, riquísimo, preciosísimo y agotadorísimo... Los preparativos llevaban días (con su mañana y su tarde bien enteritas). Y yo, como algo de eso en los genes debo tener, no aprendí a disfrutar de los eventos sin más, que es lo que me gustaría, por encima de lo de comer bien.

Intentos sí que hago. Hace un tiempo me compré una raclette para que la cena sólo consistiera en ir poniendo de todo a la plancha y mojarlo en salsas (técnica ultra sencilla y beneficiosa para el sistema nervioso central) y debo decir que funcionó bastaaaante bien. Fácil y divertido. También alguna vez compré cosas hechas (aunque como diría mi tía: "por favoooor, no es lo miiiiiismo", con un gesto de desaprobación que tira para atrás a cualquier anfitrión disfrutón). Pero aún así no consigo relajarme del todo.

Una cosa que ayuda es que los invitados sean de confianza y si les falta algo lo vayan a buscar solitos, con esos dos piecitos y manitos que la naturaleza les otorgó. Nada de te traigo y te pongo porque eso es cansadorísimo. Otra cosa que funciona también es tenerlo todo a la vista para que cada uno se sirva y tener cosas hechas con anticipación que no precisen de último recalentón ni se resequen si las dejamos preparadas antes de tiempo.

Como la ciencia avanza mucho y muy rápido, ya empieza a haber remedios para esta dolencia y parece que van surgiendo técnicas que contribuyen a remediar ese defecto genético. En busca de la merienda-cena ideal y para no acabar sudando y adjudicándome el récord de media maratón doméstica, encontré esta propuesta que me parece di-vi-na  no sólo por la presentación sino también porque permite al organizador repanchingarse en su silla desde el minuto uno de la velada.

Miren, miren... y aprendan (autoconsejo).

Sanwich party de acá.





martes, 13 de diciembre de 2011

Debo confesar

 


...que me encantan las películas de Navidad. Lo digo chiquito, para que no se entere mucha gente porque son muy cursis.





Lo que pasa es que, en general, soy muy tiquismiquis con las películas que veo. Salgo del cine y lo critico todo, si es criticable, claro (el criterio personal juega un papel muy importante y no tiene por qué coincidir con el de los expertos. Ellos sí que saben). Aunque ahora creo que ha llegado el momento de decir la verdad: me gustan las películas de esta época, me gustan mucho y no sé por qué. Igual que me gusta la decoración navideña y la música que ambienta las cafeterías, calles, tiendas y hogares.
Es una época linda para pasear, para tomar té con pastas en un local calentito con los cristales empañados por el frío, para ponerse abrigos gordos y bufandas haciendo juego con los gorros, para hacer repostería y que toda la casa huela a bizcocho (aunque no suba nunca, como me pasa a mí -esto es otro tema al que tengo que dedicar una entrada un día de éstos: mi gafe con los bizcochos anti-esponjosos).



En resumen, me gusta el ambiente, el olor, las luces por todos lados, las velas encendidas, el olor a canela, la gente abrigada, el rojo, el verde, el dorado... el champán (la imagen de la copa con las burbujas que suben, no el sabor)... esas cosas. Y como todas esas cosas generalmente se mezclan como en una batidora tipo milk shake en las películas, me encanta acomodarme en el sofá con una manta y tomar té con galletitas Spekulatius y ver todas las "choluladas" (como dice mi prima Laura) que dan las tardes de sábado o domingo y que tienen que ver con esta época.
Da igual si Papá Noel es al final el papá de alguien disfrazado con un traje apolillado y debajo del bigote blanco tiene el suyo negro, si el trineo viene volando por los aires y aparca frente a una casa con geranios florecidos en el porche aún con frío polar, si la nevada cae en Costa Rica, si hay una catástrofe aérea en la que nadie muere porque es Navidad, si Santa Claus convierte a un indigente en ejecutivo de Wall Street que va vestido de Armani y con su milagrosa recién adquirida habilidad para las finanzas salva a la bolsa en el último minuto antes del crack, si los renos hablan inglés con acento italiano o si todos se quieren mucho más que el resto del año (suegras-nueras por citar un ejemplo)... todo eso que no le paso a ninguna otra película, se lo perdono a las de Navidad.


Confesando ésto me siento como si Rambo dijera que le gusta ponerse crema con olor a rosas en las piernas y mascarilla de lavanda antes de irse a dormir.

Una vez mi primo Pablo, que me tiene por una aficionada al cine muy exquisita (¡qué ilusión parecer tan refinada!), vino a ver conmigo 'Love Actually' y cuando salimos, con un poco de miedo y en voz muy bajita osé decirle que me había gustado: casi me expulsa de la familia y ahora me mira raro...

Y bueno, una tiene sus debilidades y de vez en cuando debe revelarlas para parecer más 'humana' ;-). Porque ahora lo cool es decir que no te gustan las Navidades, que querés que pasen rápido y olvidarte de todo. Y sí, es cierto que hay cierta dosis de agotamiento en todo lo que hacemos por estas fechas, pero a mi me encanta la gente que decora sus casas, que hace regalitos y los envuelve con papel decorado y lazos con purpurina, que cocina bizcochos altos y esponjosos para sus amigos y que se compra unas medias de cebra o leopardo sólo porque es Navidad.


Son sólo unos días, un poquito de paciencia. Después ya volveremos a la rutina sin luces de colores ni velas rojas. Ya tendremos tiempo de tomar el té sin canela y de envolver los regalos con papel azul o darlos con la bolsa de Carrefour (así, sin glamour). Ya volverán las películas rusas en versión original o subtituladas en francés del norte. Mientras tanto, cursilerías power.

martes, 26 de julio de 2011

Celebration (o "selebreishon")


 Cuando se decide hacer una fiesta para celebrar algo, es imprescindible analizar el tipo de público potencial que asistirá. Se trata de un día distinto a los demás y eso tiene que notarse en tooooodo lo que hagamos. Después de todo, conmemorar una fecha de nacimiento, un objetivo cumplido o un aniversario de lo que sea, bien se merecen un poquito de cariño ¿o no?
Tengo varios eventos pendientes de celebrar en la cabeza y estoy viendo la manera de hacerlo de manera que sea diferente a cualquier otra fiesta. Hay cumpleaños a punto de llegar, logros a los que ofrecer un tributo y homenajes a personas que se ganaron a pulso un festejo del tipo especial (del corriente no, por favor).

Hace poco, con motivo del cumple de mi hermana Meny, investigando sobre cuestiones como la decoración para fiestas, fui a parar a una página ma-ra-vi-llo-sa, donde todo lo que se ofrece son ideas originales en forma de detallitos para convertir algo normal en algo extraordinario (esta es un as en la manga que no voy a desvelar acá porque un día de estos el homenajeado podrías ser vos y no quiero perder la ocasión de sorprenderte).
Quizás haya gente que no crea en la necesidad de personalizar, pero yo soy fiel defensora de ponerle un toque especial a todo lo que uno hace. Ese detalle diferenciador. No es que tenga ideas brillantes pero sí sé reconocerlas cuando las veo. Hay gente muy creativa paseándose por el mundo y yo los voy fichando por si puedo plagiar alguna de sus ideas, ¿como no?
En este caso, un té con mensaje, un sandwich con hierbas aromáticas o una decoración particular, pueden hacer que el sitio y la ocasión sepan a recepción especialísima con tal nivel de customización que no se parezcan a ninguna de las que hayamos asistido antes.
Si quieren ideas, den una vueltita por el blog de TheMoose y vean una primera propuesta. No está mal como idea para un tea time especial o simplemente para una tarde con amig@s.
Blogging tips