En mi esfuerzo constante por no quedarme atrás en el mundo tecnológico (bueh, esfuercito) el otro día en un ataque de osadía (y de ignorancia) me "bajé" Instagram...
Tan lindo él, con su logo en forma de camarita retro preciosa... Tan ilusa yo, pensando que iba a ser fácil..
Nuestra relación ya empezó con altibajos... 'Altis', los que yo tenía pensando que de repente iba a llenar mi blog de fotos divinas de tonos marroncitos y temáticas varias. Me imaginaba esta pantalla llena de florcitas, bicicletas, cupcakes, playas, soles, retratos... todos hermosos y flotando en una atmósfera violácea y borrosa llena de encanto.
'Bajis', porque no fue así.
¿Ustedes sabían que (acá debería parar y reflexionar: Cuando uno hace este tipo de preguntas a veces se da cuenta de que TODO el mundo lo sabía menos Una y queda maaaaal) Instagram era, hasta hace poco, sólo para Iphone (o sea aifon)?
Bueno, resulta que con Android (ven como sí soy moderna y ya sé lo que es y cómo se escribe?) las fotos en mi teléfono salen negras. Yo andaba por ahí toda contenta sacando fotos a troche y moche... al caminito de al lado de casa, a la tostada que me como con el desayuno, a mi mesa de trabajo toda desordenada, a mis pies desde arriba, a mis perras desde abajo, pero no. Oscuridad total. Fue ahí cuando recurrí a esos foros tipo oráculo donde uno pregunta y algún desconocido responde y me dí cuenta de que no.
En otro arrebato de osadía investigué (qué bien queda decir eso) y vi que podía bajarme otro programa parecido que se suponía que iba a ir bien y así lo hice. Se llama Pixlr-o-matic (entre nosotros, píxelo para abreviar) y que es divino también.
Y a partir de ahí empecé a fotografiar todo lo que se cruzaba en mi camino.
Me fui a dar una vuelta en ésta bici:
Mientras andaba por mi pueblo me crucé con mi vecino de arriba:
También con los que viven enfrente:
Luego llegué al trabajo y me autorretraté (los pies):
y, cuando llegué a casa, me autorretraté otra vez:
y me hice unos arreglitos:
¡Listo!
¿útil o no? ¿lindo, eh?
Bueeeeeno, vengaaaa... ahora la verdad: El teléfono no me baja las fotos al pc y la foto del hombre araña no es mía. O se pensaban que yo soy tan buena fotógrafa... nooo, todavía no. No sean ilusos.
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jueves, 17 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
El pajarito moderno
Llevo un par de días preguntándome dónde está
ese pajarito que pía por todos lados. En el coche, conduciendo ayer nos
hacíamos esa pregunta: “¿Escuchaste? Es un pájaro”. En casa, mientras recogía
la mesa, también. Paseando por la calle, lo volví a oir… pobre pajarito. Pero
¿dónde estás? Quizás me esté volviendo mayor y mis oídos me juegan malas
pasadas.
Si es así y me estoy volviendo viejita quiero
que sepan que siempre dije que quiero ser una vieja moderna… cuando sea vieja,
claro. De momento son ‘joven’ y también quiero ser una joven moderna. Y
‘moderna’ quiere decir que, aunque no siempre esté a la última de todo (porque
estar a la última es un estrés, la verdad), que siempre tenga la capacidad de
tener los ojos, las orejas y la actitud bien abierta a aprender cosas nuevas.
La cuestión es que, teniendo una hermana joven de verdad una tiene que dar muestras de apertura de mente bastante a menudo para que no se la coloque en el baúl de las cosas en desuso… (ay, qué penita) y por eso me subo al carro de las nuevas tecnologías.
El tema Whatsapp (dios mío, que lo haya escrito bien, por favooor) me traía loca. Todas mis amigas, compañeros de trabajo, gente sentada en la mesa de al lado en la cafetería, etc. hablaban de que 'te mando un guasap y quedamos', 'te lo cuento luego por guasap' o 'te envío la foto por guasap para que lo veas'. Hay que ver qué mal suenan las palabras cuando uno no las conoce. Feas, feas. Eso sí, siempre hay que poner cara de “mmmhhh… claro, claro”, como que una lo entiende. Porque como dice mi amigo Iñigo, “no sólo hay que serlo, sino parecerlo”. Moderna, en este caso.
Y como ya se trataba de un caso de urgente necesidad, recibí un flamante móvil nuevo en mi cumple, yo hice lo propio con la compañía telefónica y mi cuñado joven y fornido me instaló la aplicación en cuestión (todavía recuerdo cuando “aplicación” era lo que ponía el champú en la etiqueta antes de explicarte las instrucciones de uso).
Así que ahora lo tengo y me siento modernísima. Tanto, que estoy pensando a quién puedo contarle cosas tan relevantes como que llevo unas medias que no me gustan porque me las puse esta mañana en la oscuridad, que me acabo de tomar un té verde o que ya voy (¿adónde? no sé), con una carita torcida que quiere decir sonrisa.
A todo esto: sigo oyendo el pajarito…
Esta mañana volvió a piar. Parece que me
acompaña a todos lados. Ya le estoy tomando cariño. A lo mejor hasta le pongo
nombre.
Se va a llamar: “Whasson” … por tomarme el pelo y no decirme que era él.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Especial o no, esa es la cuestión
![]() |
| para contrastar: solicitud de amigo real de Laura Berger via etsy |
Esta mañana, mientras desayunaba ese café con leche inyección-de-energía en mi cafetería favorita, leí este artículo y supe inmediatamente que debía colgarlo acá porque es un tema que me ronda desde hace tiempo y no sé cómo encararlo: Tengo fobia a facebook. Sí, sí, ya sé; decir ésto no es moderno (acá es donde mi hermana Ceci me va a echar la bronca por no serlo. Moderna, digo). No queda bien y es casi políticamente incorrecto, dados los tiempos que corren.
Es que no entiendo, de verdad. No entiendo cómo una persona clica compulsivamente en "Enviar solicitud de amistad" si, en realidad, el destinatario de tal invitación le importa casi-casi un bledo porque competirá con otros cientos de 'afortunados' para gozar de esa 'relación'.
El otro día, sin ir más lejos, me llegó una solicitud de una persona que conocimos mi amiga Manuela y yo en un viaje hace más de diez años. En un principio, al ver el nombre pensamos: "¡Pero qué ilusión. Tanto tiempo y todavía se acuerda de mí!", pero al instante yo puede comprobar que esta persona tiene ya 2.500 amigos más y, automáticamente, esa sorpresa dejó de ser la alegría del día. Digamos que estas invitaciones son los anti-detallitos porque a uno le hacen sentirse de todo menos especial. Y la amistad, sea de la intensidad que sea, siempre contribuye a la elevación de la estima entre dos afines que se consideran importantes de forma recíproca. ¿Sí o no?
Evidentemente, con aquella solicitud, el dueño de esa cuenta super popular de facebook no despertó en mí nada parecido a un sentimiento de nostalgia ni de reconexión sino todo lo contrario. Fue ignorado sin más.
Y yo me pregunto: ¿Por qué tengo que clicar "Me gusta"? ¿por qué tengo que estar al día de tu muro? ¿por qué ahora muchas empresas para promocionarse lanzan un sorteo en el que sólo pueden participar sus 'amiguitos' de Fb? ... ¿Qué pasa con los que adoramos la amistad face-to-face? ¿ya no estamos en vanguardia?
Me da un poco de penita, la verdad, eso de no ser moderna. Pero es que con eso no puedo. Para suplir esta carencia, quizás debería estar pensando en comprarme un Ipad, en calzar unos zapatos de Loboutin o en bajarme las cuarenta series de moda si no quiero ser desterrada del club de la gente fashion.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Día 8: Tecnología (technology)
Ayer, tomando un café con leche con medialuna a media mañana, leí un artículo que hablaba sobre la tecnología que nos hace más felices y el tema de la foto de esta entrada es justamente ese, sin hacer mención a la felicidad, claro.
Es cierto que todos estos aparatos que nos rodean, y que son muchos, (pónganse a pensar cuántos tienen ahora mismo a su alrededor... muchos más de los nos percatamos) nos facilitan la vida pero que también nos dan dolores de cabeza (y no me refiero a la dolencia también conocida como cefalea, no).
Piensen que todo eso lo disfrutamos o padecemos gracias a la electricidad... y ahí es donde todas las ideas anteriores se entrelazan como enchufadas a través de un hilo conductor o cable... de esos que se enredan y se llenan de polvo, de esos que nos llevamos a cuestas para irnos de viaje porque sin ellos ya no sabemos vivir. Y es que no sabemos "desconectar", ni en vacaciones.
Es cierto que todos estos aparatos que nos rodean, y que son muchos, (pónganse a pensar cuántos tienen ahora mismo a su alrededor... muchos más de los nos percatamos) nos facilitan la vida pero que también nos dan dolores de cabeza (y no me refiero a la dolencia también conocida como cefalea, no).
Piensen que todo eso lo disfrutamos o padecemos gracias a la electricidad... y ahí es donde todas las ideas anteriores se entrelazan como enchufadas a través de un hilo conductor o cable... de esos que se enredan y se llenan de polvo, de esos que nos llevamos a cuestas para irnos de viaje porque sin ellos ya no sabemos vivir. Y es que no sabemos "desconectar", ni en vacaciones.
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