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miércoles, 9 de octubre de 2013

Fantasía i(realidad)

En cuestiones de gustos cinéfilos tengo una línea más o menos definida y es bastante normal. Me gustan las historias sencillas, reales, creíbles, cotidianas y en versión original. Esa es la norma y no es nada original. También tengo claro lo que no me gusta: no soporto las películas bélicas ni la ciencia ficción. Eso que quede clarito porque debo ser la única persona que conozco ¿? que salió del cine al primer cuarto de película de "El señor de los anillos" y más de uno estuvo a punto de lanzárseme a la yugular al confesar tremendo atrevimiento.
Ahora eso sí, hay excepciones algo incomprensibles que no sé si debería airear así con tanta despreocupación: adoro las películas de Navidad por muy malas que sean, me encanta 007 por muy absolutamente inverosímil que resulte y, ésta última mucho más confesable, soy muy fan de Amelie. Mucho. No creo que se pueda hacer algo tan original y tan trascendental sin serlo en mucho tiempo, y si se hiciera díría que es una barata imitación.
Debo reconocer que Amelie me reconcilió con la fantasía, otro de esos géneros que estaban en la columna del NO. Amelie me hizo querer convertirme en dibujante, en escritora de cuentos infantiles y en coleccionista de extravagancias todo a la vez. Nada de eso pasó, claro está, pero sí se me abrió el apetito de irrealidad, de colorido carnavalesco, de fábula onírica y de historietas mágicas, aunque esto resultó tener una contraindicación: la ingenuidad. Este tipo de películas te convierte en un alma ingenua, hambrienta de divagar, de creer en irrealidades y de volver a jugar. La consecuencia es que ahora ves un poquito de color y te dejás llevar como hoja que arrastra el viento. Por ejemplo, el otro día sumergida en mi inocencia quise creer que en esta película vivían las historias parientes de la francesa conmovedora del flequillo:



Pero, aunque a primera vista me fascinó, caí presa de mi propia trampa y al final volví a las dos tazas de realidad.
Nada más conocerla me entró la urgencia y quise correr a verla. Averigüé dónde la daban y ahí que te digo que salimos veloces a ver qué tanto de este trailer ofrecía el resto.
Desde luego lo primero que hay que ser para que te gusten este tipo de películas es entusiasta, sin eso que el último apague la luz. Pero si ustedes son un poquito como yo, en la primera parte no podrán dejar de sonreir como si de las comisuras les hubieran atado un hilo tirante a cada oreja. Lindísima la sensación. El colorido, la imaginación, el disparate y la originalidad. 
Sólo les digo una cosa, no vayan con expectativas. Si quieren volver a la infancia por unos minutos y quedarse nada más que con eso sin pretender más, véanla. Eso sí, no me pidan explicaciones cuando se desinfle la cosa a mitad de película y quieran volver al principio para sentirse en la infancia sin estarlo eh. Avisados quedan.

lunes, 18 de marzo de 2013

In-condicional-mente

Piénsenlo detenidamente ¿Con cuántas cosas son ustedes incondicionales en la vida? Yo, con pocas, la verdad.

Con el Nesquik sí. No lo abandono por el primer cacao que se me pone delante, pero también lo era con la mayonesa Hellmann's y ahora mismo ya me da igual cualquiera, sea ligera o no. Lo era antes con mi champú, pero hubo un momento en que me empezó a costar muchísimo ser fiel porque, como no cumplía todo lo que prometía en el envase, dejé de dar segundas oportunidades.

Tampoco lo soy con los fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, etc. Yo voy, les cuento mis problemas con la espalda, rodilla, lumbares y achaques en general y siempre prometen, confianzudos ellos, que me lo arreglarán ahí mismito y que ya veré qué bien, pero lo cierto es que nunca dan en la tecla tan mágicamente como predican, así que me voy y si te he visto no me acuerdo. Otros con los que no soy para naaaaada incondicional son los/las peluqueros/as. Ya conté en alguna ocasión mi conflicto permanente con el gremio. Rara vez me voy con sonrisa y casi nunca vuelvo. Lo mejor/peor es que cuando tenía 20 años disimulaba y les decía que me gustaba aunque rabiara por dentro pero ahora, como soy casi el doble de madura, ya no me importa en absoluto decir la verdad y que piensen que soy una tiquis-miquis o hasta incluso una histérica. Esto tiene un toque extravagante ¿no creen? Es más, casi espero con impaciencia a que acaben para poder hacer el numerito ;-) Ventajas de hacerse mayor, que son pocas, pero graaandes.

Y en cuanto a seres a otro nivel, soy incondicional con mis amigas y con Woody Allen, y eso es  porque cualquier cosa que hagan me parece que está bien. Y no es que esté dispuesta a mirar para otro lado si hacen algo que no me gusta. Simplemente me gusta lo que hacen y ya está. No lo analizo. La pena es que esta lista acaba de sufrir una baja inesperada. Un miembro honorífico y, hasta ahora, bastante bien posicionado, acaba de caerse desplomado.

¡Pero Pedro, por favooooooor! Desde "La mala educación" no me dabas un disgusto así. Y mirá que me cuesta estar ahora pregonando que "Los amantes pasajeros" es lamentable, pero no me queda más remedio. Estoy tan sorprendida de tu desgana transparente, de tu evidente falta de esmero, de tener que aceptar que no se vé tu sello por ningún lado, de que parece que te divertiste pero que no pensaste en divertir, de que ya no te ponés nervioso ante los retos, que estoy pensándome dejar de ser tu fan incondicional (bueno, probablemente sufra de condicionalidad interruptus, porque quizás vuelva a caer en la ciega ilusión pre-estreno alguna vez) pero lo de hacerte buenísima propaganda a cambio de nada se acabó.  

Como todas, esta última película me hizo salir corriendo a verla el mismo día de su premiere (si hay algo que no puedo consentir es leer críticas y escuchar comentarios de gente que ya vio las películas y no haberlas visto yo) y todo para comprobar que al cabo de una hora, mientras seguía esperanzada, tu esencia seguía sin aparecer.

Es triste contarte que no me enamoré de ningún personaje, que no quise el peinado de ninguna de las actrices ni el papel pintado de la casa del protagonista. Que no me reí a mandíbula batida ni salí corriendo a buscar esa música embriagadora. Que no me emocioné hasta la médula, no lloré lagrimones ni carcajeé hasta la campanilla. Que no se me hizo un nudo en la garganta ni tuve miedo de que encienderan la luz antes de limpiarme los mocos. Que no me olvidé durante dos horas de que al día siguiente tenía que hacer la compra y lavar la ropa de color... Así que te digo una cosa: eso, más que ver una película, es una verdadera pena, porque el cine sin eso no es cine y los fans con condiciones no son fans ni son nada.

Pequeña aclaración: No pude, por más que lo intenté, utilizar el término en plural que recomienda la RAE. Sé que ustedes sabrán perdonar... eso de poner "fanes" me suena a cualquier cosa menos a grupo de admiradores, seguidores o whatever que se le pareza... Es que habría quedado raro... ¿o no? De todos modos, como no puedo dejarlo así, ahí copio la explicación del Panhispánico para que nadie se espante.

fan. 1. Voz tomada del inglés fan, acortamiento de fanatic, que se usa, como sustantivo común en cuanto al género (el/la fan; género2, 1a), con el sentido de ‘admirador o seguidor entusiasta de alguien’ o ‘aficionado entusiasta de algo’. Es anglicismo asentado, a pesar de que existen palabras españolas que, en la mayoría de los casos, pueden sustituirlo, como admirador, seguidor, aficionado, forofo, hincha (en deportes de equipo, especialmente en fútbol), incondicional, entusiasta o, incluso, fanático.
2. Aunque está generalizado el uso del plural inglés fans, se recomienda acomodar esta palabra a la morfología española y usar fanes para el plural ( plural, 1g), igual que ocurre en flan, pl. flanes o yen, pl. yenes: «Va en una simple silla de manos, pero a hombros de seis de sus fanes femeninas» (Sampedro Sirena [Esp. 1990] 308).

jueves, 27 de septiembre de 2012

Por mí no te preocupes

Como super fan que soy de Woody Allen no quise esperar ni un poquito a ver su nueva película, así que el sábado, Ceci y yo, nos fuimos felices a ver "A Roma con amor".

Bueh... ¿qué les voy a decir? Me da un poco de penita criticarlo porque yo se lo perdono todo, pero los antifans van a aprovechar para echarle en cara todo lo anterior (hasta que se casara con su hija adoptiva).

Digamos que no se esforzó mucho esta vez. Estuvo tan brillante en "Midnight in Paris" que no dejó ni una gotita de Red Bull para tomarse en ésta.

Lindísima fotografía (de una lindíiiiisima ciudad), vestidos preciosos, piernas largas, flores por todos lados, calles llenas de gente modernísima, edificios viejísimos que se caen a pedazos pero que nos parecen lo más ideal del vintage, pero seamos realistas: eso es todo lo que hay.

Pero Woody ¿era necesario convertir tu película en un tutti frutti (¿con dos T las dos veces?) de trozos de otras pelis mediocres que encima ni se enlazan bien? ¿querías probarte que todavía estás lúcido o sabés claramente que por un pequeño traspiés como éste tus incondicionales no te íbamos a abandonar y te diste el gustazo de hacer lo que te da la gana? 

Por mí no te preocupes, yo te perdono, pero no te arriesgues con los que todavía no saben que te adoran.

Quizás no sean suficientes como razones para ir a verla, pero si vas te va a gustar:

- el policía italiano hablando inglés (ese inglés que hablan los italianos)
- Ornella Mutti con cara casi de adolescente
- el apartamento del arquitecto
- el vestido de la chica de pueblo
- los tacones de Penélope
- que Woody está ahí


Y si en la próxima estás cansado, no te preocupes, yo voy a ir a verla igual.

martes, 13 de diciembre de 2011

Debo confesar

 


...que me encantan las películas de Navidad. Lo digo chiquito, para que no se entere mucha gente porque son muy cursis.





Lo que pasa es que, en general, soy muy tiquismiquis con las películas que veo. Salgo del cine y lo critico todo, si es criticable, claro (el criterio personal juega un papel muy importante y no tiene por qué coincidir con el de los expertos. Ellos sí que saben). Aunque ahora creo que ha llegado el momento de decir la verdad: me gustan las películas de esta época, me gustan mucho y no sé por qué. Igual que me gusta la decoración navideña y la música que ambienta las cafeterías, calles, tiendas y hogares.
Es una época linda para pasear, para tomar té con pastas en un local calentito con los cristales empañados por el frío, para ponerse abrigos gordos y bufandas haciendo juego con los gorros, para hacer repostería y que toda la casa huela a bizcocho (aunque no suba nunca, como me pasa a mí -esto es otro tema al que tengo que dedicar una entrada un día de éstos: mi gafe con los bizcochos anti-esponjosos).



En resumen, me gusta el ambiente, el olor, las luces por todos lados, las velas encendidas, el olor a canela, la gente abrigada, el rojo, el verde, el dorado... el champán (la imagen de la copa con las burbujas que suben, no el sabor)... esas cosas. Y como todas esas cosas generalmente se mezclan como en una batidora tipo milk shake en las películas, me encanta acomodarme en el sofá con una manta y tomar té con galletitas Spekulatius y ver todas las "choluladas" (como dice mi prima Laura) que dan las tardes de sábado o domingo y que tienen que ver con esta época.
Da igual si Papá Noel es al final el papá de alguien disfrazado con un traje apolillado y debajo del bigote blanco tiene el suyo negro, si el trineo viene volando por los aires y aparca frente a una casa con geranios florecidos en el porche aún con frío polar, si la nevada cae en Costa Rica, si hay una catástrofe aérea en la que nadie muere porque es Navidad, si Santa Claus convierte a un indigente en ejecutivo de Wall Street que va vestido de Armani y con su milagrosa recién adquirida habilidad para las finanzas salva a la bolsa en el último minuto antes del crack, si los renos hablan inglés con acento italiano o si todos se quieren mucho más que el resto del año (suegras-nueras por citar un ejemplo)... todo eso que no le paso a ninguna otra película, se lo perdono a las de Navidad.


Confesando ésto me siento como si Rambo dijera que le gusta ponerse crema con olor a rosas en las piernas y mascarilla de lavanda antes de irse a dormir.

Una vez mi primo Pablo, que me tiene por una aficionada al cine muy exquisita (¡qué ilusión parecer tan refinada!), vino a ver conmigo 'Love Actually' y cuando salimos, con un poco de miedo y en voz muy bajita osé decirle que me había gustado: casi me expulsa de la familia y ahora me mira raro...

Y bueno, una tiene sus debilidades y de vez en cuando debe revelarlas para parecer más 'humana' ;-). Porque ahora lo cool es decir que no te gustan las Navidades, que querés que pasen rápido y olvidarte de todo. Y sí, es cierto que hay cierta dosis de agotamiento en todo lo que hacemos por estas fechas, pero a mi me encanta la gente que decora sus casas, que hace regalitos y los envuelve con papel decorado y lazos con purpurina, que cocina bizcochos altos y esponjosos para sus amigos y que se compra unas medias de cebra o leopardo sólo porque es Navidad.


Son sólo unos días, un poquito de paciencia. Después ya volveremos a la rutina sin luces de colores ni velas rojas. Ya tendremos tiempo de tomar el té sin canela y de envolver los regalos con papel azul o darlos con la bolsa de Carrefour (así, sin glamour). Ya volverán las películas rusas en versión original o subtituladas en francés del norte. Mientras tanto, cursilerías power.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Va dove ti porta il cuore


Ayer, disfrutando de una comida riquísima, en una terraza soleada, me recomendaron el libro de Susanna Tamaro, Donde el corazón te lleve, a raíz de una conversación sobre perros y sobre cómo elegirlos a la hora de adoptar. Del significado de ese gesto y del sentimiento que te lleva a elegirlos para compartir todos los días de tu vida durante el resto de las suyas. Evidentemente, ahora me muero de ganas de leerlo.

Mientras tanto, encontré esta escena maravillosa de lo que parece ser la película basada en el libro de la autora italiana.

¿No son preciosos esa atmósfera melancólica, ese vestuario vintage y ese sentimiento?

jueves, 4 de agosto de 2011

Viajar es maravilloso


Sólo para que se hagan una idea, para estos videos se necesitaron 3 chicos, 44 días, 11 países, 18 vuelos, 38 mil millas (61.155 km), la explosión de un volcán, 2 cámaras y casi un terabyte de rodaje, todo para completar un proyecto basado en tres conceptos básicos basados en el movimiento, el aprendizaje y la comida... que se convirtieron en tres cortos verdaderamente ma-ra-vi-llo-sos...

Para todos aquellos que piensen que viajar es genial, miren estos videos
y alucinen... y muéranse de envidia (como ya me pasó a mí).

domingo, 15 de mayo de 2011

Midnight in Paris - Woody Allen


Ayer fui a ver esta película. Quienes me conocen saben que soy fan incondicional de Woody Allen.
Seguro que también saben que en estas películas las relaciones son complicadas pero los escenarios, la música, los paisajes y los personajes son fascinantes (y no escatiman en detalles de todo tipo). Me lo pasé realmente bien... y uno de los mejores momentos es el de un personaje muy cortito que irrumpe de manera brillante interpretado por Adrien Brody... vayan a verla y después me cuentan.
Les pongo el tráiler para que los tiente a ir... y, aunque el enlace es doblado en español, ya saben que mi recomendación es SIEMPRE en versión original. 
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