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lunes, 13 de mayo de 2013

La justicia al final

Ayer por la mañana me sobresalté por dentro cuando en la radio escuché una noticia que tuve que reconfirmar después en otros medios por lo inverosímil de su naturaleza.

Es difícil decir que uno se encariña con algún personaje a quien no ha conocido nunca pero a veces pasa.
Cuando oí que Constantino Romero había muerto no pude evitar apenarme del modo ése que uno se apena cuando, sin darse cuenta, le había tomado aprecio a alguien desconocido.

En cuanto supe la noticia me vino inmediatamente a la mente el programa ése que él conducía cuando llegamos a España y en el que la tele nos hacía gran compañía y nos enseñaba a diario un poquito de cómo era éste país, 'El tiempo es oro'. Esa carrera frenética por la enciclopedia de papel, que hoy en día carecería de todo sentido, era un verdadero sprint de conocimientos que presagiaba que la urgencia y necesidad de saber pronto pasarían a otro plano.

Ese hombre semigordito de voz absoluta y profundamente seductora (miren a Clint Eastwood en Los puentes de Madison y díganme que no es así), nos sorprendió yéndose sin saludar. Será que era poco conocida su enfermedad o será que no quiso él llamar para avisar, otro símbolo más de esa elegancia que le salía por la garganta más que por la imagen.

Hoy supe que soplaba alguna respuesta furtiva a los concursantes cuando nadie le miraba para echarles la mejor de las manos, que cenaba con ellos siempre que podía y que, a pesar de su fobia a la fama, era más que educado con quienes se acercaban a él en busca de autógrafos. Que era creativo hasta quedársele pequeño un simple papel de presentador y que sus dotes estaban realmente en la interpretación.

Pero lo más curioso de todo es que, buscando saber más sobre su ida, encontré la foto en la que, a mi juicio, queda patente que su atractivo físico se había llegado a poner a la altura de su voz justo ahora, al final de su vida. Paradójicamente su edad más madura, aunque tempranísima para morir, le había otorgado haciendo justicia, la imagen que se merecía de hombre sabio e interesante a la vez.

Constantino Romero

jueves, 25 de abril de 2013

Genio, Genia y figura

Este año fue la primera vez que tuve la ocasión de ver en primera persona la dimensión que tiene la fiesta de Sant Jordi en donde vivo. Justamente me tocó ir al centro de Barcelona y, nada más salir de la boca del tren, me encontré con montones de puestos de rosas con vendedores ansiosos de celebrar el día y con libreros trabajando a toda marcha para montar sus stands en medio de las aceras y hacer aún más visible todo aquello que ofrecen normalmente.

El ambiente era extraordinario, gente paseando, mesas preparándose para recibir a los autores que firmarían libros a sus lectores y un día espectacularmente soleado.

A raíz de esta celebración me planteo el tema de las lecturas futuras. No soy de ir y comprar lo último ni de dejarme llevar por las olas amantes de Greys, Milleniums ni trilogías varias. Prefiero que haya un motivo que me impulse, que me despierte la curiosidad y que haga que, casi de repente, descubra mi urgente interés por leer algo o a alguien en particular.

En este último par de semanas, dos cosas me abrieron la mente con respecto a dos personajes interesantísimos de la literatura española actual. La primera fue una entrevista que Jordi Évole hizo a José Luis Sampedro, recientemente fallecido y que se televisó hace pocas semanas como homenaje a su figura.

Después de oir la impecable coherencia con la que un hombre de 96 años describe la vida y la sociedad, no puedo menos que hacer todo lo posible para leer cada cosa que haya escrito. Hace años leí 'La sonrisa etrusca' y disfruté, pero oirlo hablar es todavía más placentero. Y yo me pregunto ¿Cómo puede una persona de esa edad tener tal lucidez de pensamiento, tal claridad de oratoria y tal sentido del humor? ¿Qué mantiene esa brillantez mental? Sinceramente, después de escucharlo con atención uno se siente chiquitito y quiere volver a empezar. Replantearse nuevamente la vida y reinventarse en forma de escritor sabio que desprende cercanía y desinhibición en cada una de sus palabras. Desde entonces tengo muchas ganas de hacerme con 'La vieja sirena'.

El segundo detonante que abrió mi apetito lector fue la entrevista que leí en el dominical El Magazine a Ana María Matute. Una vez más, una persona de 87 años y mujer, derrocha desparpajo para decir y contar todo aquello que le viene en gana de forma tan transparente, abierta, certera y atractiva que le hace sentir a una en la obligación de saber más. Una señora que cuenta con suprema gracia cómo su médico le da la razón cuando culpa de sus caídas a las alfombrillas traicioneras junto a su cama y no a las copitas diarias de alcohol, se gana indudablemente una reverencia espléndida. Ahora debo, como sea, conseguir 'Olvidado Rey Gudú' y aprender más sobre lo que ella tiene que contar. 

Si tienen ganas de pasar dos lindos ratos, tómense unos minutitos y vean y lean a estos personajes dignos de conocer.





martes, 19 de junio de 2012

La eficacia del trabajo


El destino nos unió, sin el menor deseo por mi parte, hasta hacer de nosotros un dúo inseparable. A falta de mejor instructor, él me enseñó cuanto sé: la eficacia del trabajo (no compensa), la importancia de ser honrado (si eres imbécil), la trascendencia de la verdad (nunca decirla), lo aborrecible de la traición (y su rendimiento) y el verdadero valor de las cosas (ajenas), así como, por inducción, lo indicado de la tintura de yodo para las heridas, arañazos, hematomas y excoriaciones. A su sombra me hice riguroso en la planificación de mis actos, cauto en la realización, meticuloso en la ocultación posterior de todo rastro. En vano: de poco me valieron estas mañas enfrentadas a su sagacidad, sus conocimientos prácticos, su ciencia y la ventaja que otorga disponer de muchos medios y carecer de control y de escrúpulos. Siempre me engañó y nunca se dejó engañar de mí, llegando incluso, en ocasiones contadas, con falsas promesas, a valerse de mi esfuerzo y mi persona en provecho suyo, para dejarme luego en la estacada. A menudo me preguntaba si tanto encarnizamiento y tanto encono no ocultarían, en el fondo de su alma, un rescoldo de afecto mal tramitado, pero después de sopesar cuidadosamente los indicios a la luz de las más acreditadas teorías sobre los actos fallidos y otras meteduras, acabé resolviendo que nanay.

¿Genial o qué???


Se trata de un fragmento del libro La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza que estoy leyendo y que tiene pasajes que son dignos de publicar acá para que nadie se los pierda.


Les juro que el otro día, mientras lo leía sentada en mi silla en esa playa con las piernas al sol y la brisita en el pelo, me partí de risa y me morí de admiración...

Supe quien era Eduardo Mendoza hace relativamente poco cuando le dieron el premio Planeta por Riña de gatos.  En ese momento, al no haber leído nada suyo, simplemente me dejé llevar por la frivolidad y me enamoré de la cara de ese tipo ultrasimpático de sonrisa permanente que salía en las entrevistas agradeciéndolo todo. Ahora que sé que además de encandilar con sus encantos, mezcla de hombre intelectual y campechano, es de pluma magistral, no puedo hacer menos que promocionarlo.

Al parecer, el personaje de este libro no paró las aventuras en ése sólo y le siguieron dos más, uno de ellos el último en salir al mercado. Lo digo por si se animan. No sé si les va a gustar, pero casi me arriesgaría a asegurar que les va a sorprender y mucho. Su forma de escribir es tan particular, que a veces uno piensa que ni se paró a releer y lo escribió todo del tirón. Cosa fácil no debe ser, no.


Ahora un ejercicio: Relean el pasaje y díganme si no se parece, y mucho, a lo que podríamos decir de los políticos actuales...

¿Eh?¿Qué tal?

lunes, 11 de junio de 2012

El nombre


Un hombre se me acerca y me pregunta si soy Sandro Centurión, le respondo que sí. Sabés quién soy yo, me pregunta. No, le respondo. Yo soy Juan Pérez, dice con tono poco amable y entonces se exaspera y me grita que está harto de que lo use en mis historias. Intento explicarle que es sólo una coincidencia sin mala intención, que en realidad su nombre, o sea, cómo explicarle a ese pobre y trastornado hombre, que en realidad cuando digo que Juan Pérez es un mal tipo, un corrupto, un desgraciado que no tuvo una buena infancia, entre otras cosas, no me refiero a su persona sino al personaje que es pura ficción, que mi Juan Pérez no existe, que es un invento de mi imaginación. Por otra parte, ese Juan Pérez es el personaje principal de mis novelas y no puedo prescindir de él. Entonces, el hombre se enfurece, me toma de la solapa y me dice en voz alta y clara “te vamos a matar”. Luego, me suelta y se va imitando el disparo de un arma con su mano diestra. 
Desde aquel día me pasaron cosas muy extrañas, un piano cayó desde lo alto de un edificio a unos centímetros de mí mientras lo subían con una grúa, curiosamente el conductor de la grúa era un tal Juan Pérez; luego, un perro me atacó sin razón aparente, su dueño me pidió disculpas, se presentó como Pérez, Juan. Un auto se salió de la ruta y casi me lleva por delante, el ebrio que lo conducía se llamaba Juan Pérez. 

Intenté escapar de aquella locura. Tomé un avión y me fui de safari a la sabana africana. La desgracia no tardó en alcanzarme. El guía me abandonó a mi suerte en medio de la selva. Sí, se llamaba Juan Pérez.

El mundo está lleno de Juan Pérez y al parecer todos quieren matarme. Por eso me he refugiado en esta cabaña lejos de todo y de todos. Pensé que estaría solo y seguro hasta que escuché que alguien golpeaba la puerta. Era una mujer, una empleada del correo y al parecer viene por estos lares dos veces por mes, es simpática y muy atractiva. 

A propósito, me dijo que se llama Juana. No me atrevo a preguntarle su apellido.


Éste es un relato corto del blog "Rinocerontes bajo la mesa" que escribe Sandro Centurión. En él, propone un cuento para cada día. Es una buena costumbre esa de crear una historia a diario. Me gustó. 

Quizás yo podría hacerlo...¿o no?

 

miércoles, 6 de junio de 2012

Ensalada de pasta

El silencio siempre me ha dado frío, desde pequeñita. Es un frío extraño, que se cuela por los dedos de mis pies y va tomando todo mi cuerpo. Cuándo eso ocurre, bajo a la calle y me monto en el primer autobús que veo. Me pongo cerca de alguien e imagino que vamos juntos. Si es un señora cargada con bolsas, finjo que es mi madre: hemos ido juntas de compras al centro y ella se ha empeñado de regalarme un bonito jersey de color lila. Otras veces me siento junto a un grupo de gente de mi edad y me comporto como si acabáramos de salir del cine. Poco a poco voy entrando en calor.
Hoy me ha vuelto a pasar: he notado como el frío se me metía por dentro, se mezclaba con mi sangre y se enredaba con mis huesos. Me ha dado miedo y he salido a la calle. En el autobús, me he puesto al lado de un chico con la mirada baja. He imaginado que éramos novios y vivíamos juntos. Él ha venido a recogerme al trabajo por sorpresa -a veces lo hace, es un encanto- y yo me he puesto muy contenta. Nos vamos contando nuestros respectivos días. Ya estamos llegando, le pregunto qué vamos a cenar, no hay mucho en casa porque hace días que deberíamos haber ido al súper.

De repente, el chico levanta la cabeza. Mirándome fijamente, dice:

- Ensalada de pasta.

No ha vuelto a hablar durante todo el trayecto, ni siquiera estoy segura de que lo haya hecho en algún momento pero, por unos instantes, he sentido que existía alguien como yo.

Y ya no hacía frío.
Éste es un relato que leí hoy en el blog de Miss Rosenthal y me gustó, así que lo cuelgo acá para que más gente lo lea. 
Se trata de un relato inspirado en una ilustración de Mikimono. Cuando lo colgó en su blog dijo que últimamente no paraba de dibujar parejitas abrigadas con ganas de quererse. ;-)

¿No es lindo? 
Me gustaría escribir relatos como ese. 

Hay tantas cosas que me "gustaría hacer"... tengo que dejar de usar este tiempo verbal... 


jueves, 10 de mayo de 2012

Este tipo es sabio

...porque escribió todo ésto, y porque dice cosas como éstas:


Reflexionando sobre el momento actual de crisis universal:

"el sistema está pidiendo a gritos ser cambiado y que su lugar lo ocupe otro que no esté organizado en contra de la gente" y "lo peor es que se está recompensando a los que la iniciaron".

Preguntado sobre si tiene alguna fórmula para solucionar el problema, subraya que:

"desconfía de los que dicen tener una receta mágica, porque será la realidad la que nos dirá hacia dónde quiere ir".

"Lo mejor que tiene la historia humana es su capacidad de sorpresa, la presencia de lo inesperado. A veces ocurren cosas terribles, pero también hay latidos de esperanza, lo que yo llamo los soles que hay en la noche escondida, que no se ven, pero que, de golpe, iluminan los caminos".

Por ello, sostiene, "no es nada raro que de cada día brote una historia" y agrega: "Aunque los científicos digan que estamos hechos de átomos, un pajarito me contó una vez que estábamos hechos de historias".


Y si tienen curiosidad de saber cómo habla y cómo transmite con esa voz profunda, escuchen esta entrevista que le hizo Gemma Nierga el otro día en la radio y que me dejó enamorada.

lunes, 7 de mayo de 2012

Vidas paralelas (o consecutivas)

Hoy andaba despistada con el tema de esta entrada pero Fer me dio la clave. Y no, no es plagio, digamos que es la inspiración que necesitaba. Su entrada sobre Vidas paralelas me hizo pensar que, cuando uno tiene muchas inquietudes y una vida sola no le basta, fantasea habitualmente con vivir experiencias de todo tipo en toda clase de lugares y con multitud de personas interesantes. 


Si yo pudiera tener vidas paralelas (o mejor dicho, consecutivas, para tener tiempo de vivir cada una por separado y disfrutarla a cada minuto con dedicación plena), algunas serían así:

- Sería intérprete multilingüe de la ONU (la más reconocida) y me pasearía por Ginebra a mis anchas sabiendo que he triunfado.
- Sería fotógrafa del National Geographic y sacaría fotos a animales preciosos que viven cada uno en su hábitat donde todos son herbívoros y ninguno come a otro.
- Sería deportista profesional e iría a las olimpiadas con mi equipo y ganaría la medalla de oro (de cualquier deporte, rodeada de todos esos deportistas de élite con esos cuerpazos y donde me sentiría tan atlética como ellos y experimentaría la emoción de ser ganadora).
- Sería una exitosa y respetada ingeniera de caminos, bombera, piloto de avión o pionera en alguna profesión de esas en las que escasean las mujeres y tendría a mi cargo a un regimiento de hombres.
- Sería actriz y ganaría un Oscar pero seguiría manteniendo mis amigos de toda la vida y me gustaría la vida tranquila en una granja en el campo.
- Sería mamá de tres o cuatro nenas de más de cuatro años, todas simpáticas y bien educadas.
- Sería una profesora de universidad queridísima por alumnos, que me tutearían, y con colegas que me tratarían de “usted” y me llamarían “doctora”.
- Sería dueña de un refugio gigantesco para animales de todo tipo, donde todos vivirían sueltos, estarían muy bien cuidados y serían muy muy felices.
- Sería la mujer que convenció al mundo de la idea de que se puede vivir sin comer carne.
- Sería la mujer de Michael J. Fox o de Hugh Jackman.
- Sería escritora de libros apasionantes que escribe cuando le da la gana porque vive de eso y no necesita trabajar en nada más y que ocupa el sillón M de la Real Academia.
- Sería la inventora de los tacones que no duelen y de los tangas que no se meten en el culo (¿?).
- Sería una interiorista que decora las casas de los famosos con cosas compradas en mercadillos a un 15 % de su valor (y ellos no lo sabrían).
- Sería la dueña de un restaurante buenísimo donde la comida sería deliciosa, el servicio impecable, el entorno lindísimo y los precios baratísimos.
- Sería médico en el hospital de House y él estaría loco por mis huesos, tanto que le cambiaría el carácter y pasaría a ser como Bambi (y de paso descubriría la vacuna contra el cáncer, claro… no todo va a ser ligar).

Estoy segura de que acabaré esta entrada y se me ocurrirán veinte más, pero es hora de publicar ya y empezar a hacer algo de provecho… jijiji… (ya que todavía no estoy en la ONU).

mirálo, si tiene carita de bueno...

ya sé, ya sé, no se entiende

ya sé, ya sé, esto sí

viernes, 4 de mayo de 2012

Hoy quiero ser...

Tengo un problema: hoy quiero ser fotógrafa. 


Pero si fuera por eso, cada día tendría uno diferente porque demasiado a menudo se me ocurren cantidad de profesiones nuevas que me hubiera gustado ser (un tiempo de verbo complicado, teniendo en cuenta que nunca cierro la puerta del todo).

Si tuviera que incorporar ahora mismo una nueva ocupación a mi vida sería la fotografía. Bueno, me hubiera gustado ser fotógrafa del National Geographic, pero de ningún modo puedo soportar cuando el león persigue al cervatillo desesperado por la selva, así que está claro que no puedo. 

El otro día tuve una gastroenteritis, fui a la clínica, y de repente se me ocurrió que me quería ser médica. El día que veo mamás o papás que llevan a sus niños sin sujeción en los coches quisiera ser policía.Cuando oigo la radio, quiero ser periodista. Cuando voy de compras, diseñadora. Cuando me hago un masaje, reflexóloga. Cuando paseo a Nela y a Lilly, veterinaria. Cuando discuto, abogada. Cuando leo, escritora… y así un sinfín de profesionales más, siempre según las circunstancias. También me pasa a veces que quiero ser francesa, por lo del glamour. Inglesa, para tomar un té riquísimo a las 5. Japonesa, para saber hablar un idioma raro. O nórdica, para tener piernas largas y cintura chiquita. Pero eso, como lo de la selva, no puede ser. 

 

Lo de la fotografía de hoy me viene gracias a que, dando un paseo por estos mundos cibernéticos (¿todavía se usa esta palabra?) encontré una web que me dilató las pupilas. Mucho. Además de por sus fotos preciosíiiiisimas (como dice mi prima Vale), por la manera que tiene de contar las cosas ésta fotógrafa en su blog

La verdad es que son dos cosas que me dan envidia; el talento para la imagen y la destreza para la escritura. Bueno, también me produce admiración la gente que cocina de rechupete, los que tienen siempre el pelo perfecto, las personas habilidosas para todo, la gente que no pierde la compostura, los que nunca tienen mal humor, los que saben hacer reír (uh, qué bueno eso!)... y muchas cosas más, pero esos son temas de otro post

Si quieren tener un viernes relajado, lindo y agradable, den una vueltita por la web de Jackie Rueda, y van a ver lo que les digo.

Que lo pasen bien. 


jueves, 3 de mayo de 2012

20 cosas (muchas más que 5)

Lista de veinte cosas que nos molestan de los hombres (a nosotras, claro):


1. Que nos obliguen a repetir lo mismo veinte veces seguidas.
2. Que no encuentren nada, a pesar de que esté delante de sus narices.
3. Que no escuchen lo que estamos diciendo.
4. Que busquen las cosas con desgano, mirando hacia cualquier lado.
5. Que se crean los dueños del mando a distancia y los guardianes de todos los aparatos tecnológicos de la casa.
6. Que nos traten como a un hermano: nos tiren al agua, nos salpiquen, nos aplasten, nos despeinen, nos hagan cosquillas.
7. Que mojen todo el suelo cuando se bañan.
8. Que no se fijen en los detalles y les de lo mismo comer de la fuente, con o sin mantel individual, en una taza que ya usaron esa mañana.
9. Que nos digan “tranquilízate” o “relájate” cuando estamos gritando.
10. Que digan “ya voy” cuando tienen que sacar la basura, atender el teléfono, lavar los platos, cambiar los pañales.
11. Que nos pregunten “si nos está por venir” cada vez que estamos sensibles.
12. Que piensen que todos los hombres con los que hablás se quieren acostar con vos pero que no se den cuenta cuando una chica quiere algo más con ellos.
13. Que nunca le digan de verdad como están ni cómo se sienten a sus amigos.
14. Que odien que llores mientras discuten.
15. Que nunca lloren y se enojen si les decimos que llorar está bien.
16. Que nos pregunten a dónde vamos doscientas veces, a pesar de que les hayamos dicho todos los días que teníamos que ir al médico.
17. Que regalen mal.
18. Que no se den cuenta de los cambios de pelo, ni de la ropa nueva, ni de esos dos kilos menos.
19. Que crean que todo lo que hacemos se hace en dos minutos y sin esfuerzo.
20. Que con el paso del tiempo empiecen a dar besos largos sólo antes de tener sexo.


¿A que son geniales? Lamentablemente, agruparlas de esta forma tan brillante no se me ocurrió a mí, se le ocurrió a ella.


martes, 10 de abril de 2012

Yo quiero ser como él

...por su sentido del humor, por su ingenio y por todo lo demás...



Es que es genial, lo mires por donde lo mires. Sí, Falsarius. ¡El chefcritor (chef+escritor)!

Tengo un compañero de trabajo, Jordi, con el que de vez en cuando compartimos consejillos recetiles y que una vez me dijo que también era su fan. Tan fan que, reconociendo el talento de este hombre para la cocina y la literatura, decidió un día comprar un libro suyo (pudiendo mirar las recetas por internet, ojo al dato) porque se sentía en deuda con la causa cocinera de Mr. Falsarius, óscar al mejor tenedor y pluma, otorgado por nosotros, claro.

Me encantan sus recetas, sus ideas y la manera en que cuenta las cosas... y si no piensan igual, lean esta descripción de la fruta con sus consiguientes instrucciones para preparar un rico y ultra sencillo postre de emergencia y ya verán como se convencen y se hacen eso que se dice ahora "followers" de su blog... (que es igual que "seguidor" pero en guay):

La fruta tienes dos estados básicos. Uno radiante y apetecible cuando la compras y la llevas a casa, y otro, podrida y tumefacta cuando por fin decides comértela. A mí por lo menos me pasa siempre. Qué extraños sucesos pasarán entre ambos estados, es algo que se me escapa y desafía mi entendimiento. La cosa es que yo compro una fruta chula y pinturera, de esa que hubiera tentado a Adán y Eva y les hubiera costado el Paraíso, y cuando me acuerdo de comérmela es una piltrafilla que se la das a una cabra y te cocea la entrepierna. Cuánta fruta no habré comprado, enaltecido por sus salutíferas virtudes, poseído por la creencia, seguramente incierta, de que te comes una manzana y adelgazas no sé cuantos kilos, o simplemente enlozado en la lujuria, fascinado por sus formas opulentas y sus colores más bien cachondones y lozanos. Y luego vas a comértela, el día que te da por ahí y dices, anda si yo compré fruta, y en vez de tu manzana brillante y lustrosa como la que le dio la bruja a Blancanieves, te encuentras a su abuela. Para evitar este tipo de chascos, la ciencia moderna ha inventado la fruta envasada, así que en nuestra receta de hoy, unas ricas EMPANALLETAS, unas empanadillas con textura de galleta, vamos a utilizar puré de manzana de bote y unas pasas. Que las pasas, como ya eran abuelas cuando las compramos, no decepcionan nunca.

jueves, 17 de noviembre de 2011

No siempre es la más fea



Ahora díganme la verdad ¿quién de ustedes sabe qué demonios es la, a estas alturas archiconocida, prima de riesgo?
Silencio...
Eco...
Silencio...
No oigo nada...
No hay respuestas.

Y miren que estamos cansados de oirla nombrar por la radio, la tele, en los periódicos y en las conversaciones de gente muy sabionda que parece dominar el tema de la crisis y que expone sus teorías alegremente mientras nosotros disimulamos, asentimos con la cabeza, hacemos aha, aha, de vez en cuando para que parezca que estamos atentos... Pero nada, ni idea.

Hay muchas palabras o conceptos de esos que ya nos resultan familiares y todo, pero que nunca nos preocupamos por averiguar qué son realmente porque ya de por sí, suenan muuuuuy aburridos.

Pero no se preocupen. En la próxima conversación podremos participar como si supiéramos, así ¡con desparpajo!, gracias al artículo que les pego a continuación. No tiene desperdicio. Tiene muchísimo mérito que este hombre escriba historias maravillosas incluso sobre cosas que suenan tan aburridas como la 'prima de riesgo'. Por cierto, si se ven con ánimos, tienen un buen día y se sienten valientes hagan click en el concepto para leer la definición auténtica.

Ahí va el artículo de Juan José Millás:

Conducía ella

"Me cuesta más hacerme a la idea de su muerte que a la de la ruina galopante a la que se dirige la economía. Cuando en artículos muy sesudos tropiezo con la expresión 'la prima de riesgo' me dan ganas de ponerme a llorar"






JUAN JOSÉ MILLÁS En mi colegio había un chico apellidado Riesgo que tenía una prima muy guapa conocida, lógicamente, como la prima de Riesgo. Así que cada vez que leo en el periódico que ha aumentado la prima de riesgo de la deuda española me acuerdo de mi infancia y de aquella chica maravillosa. El otro día localicé el teléfono de Riesgo y le llamé para preguntarle por su prima.

—Murió hace dos años —me dijo— en un accidente de automóvil, dejando dos hijos y marido.

Me quedé de piedra porque yo jugaba mucho con ella a que teníamos un accidente en un automóvil de juguete que había en la casa de Riesgo. El pasillo, muy largo, era la carretera y nos dábamos el golpe al derrapar en una curva que había a la altura del salón. Recuerdo que caíamos el uno sobre el otro (con gran excitación por mi parte) hasta que llegaba una ambulancia imaginaria que nos conducía al hospital. A partir de ahí el juego se diversificaba. Unas veces moríamos los dos, otras veces uno y en más de una ocasión yo me quedaba paralítico y ella cuidaba de mí durante el resto de nuestros días. Estuve enamorado hasta el tuétano de la prima de Riesgo, para quien yo, sin embargo, nunca llegué a significar nada. Al crecer nos fuimos separando. A mí me daba vergüenza mirarla, pues se convirtió en una adolescente turbadora que fingía no conocerme cuando nos cruzábamos en la calle o en el pasillo de la casa de Riesgo. 

Muchas veces, conduciendo mi coche por la carretera, he imaginado que llevaba a mi lado, de copiloto, a la prima de Riesgo. Cuando éramos pequeños, siempre conducía ella. Conducía fumando un cigarrillo imaginario, como las mujeres de las películas americanas de la época. 

Me cuesta más hacerme a la idea de su muerte que a la de la ruina galopante a la que parece dirigirse nuestra economía. Cuando en artículos muy sesudos tropiezo con la expresión ´la prima de riesgo´ me dan ganas de ponerme a llorar, no por la que se nos viene encima, sino por mi pasado. Siento que aquellos viajes imaginarios en el automóvil de juguete quizá fueron un ensayo de su muerte. Ayer volví a llamar a Riesgo para preguntarle quién conducía. «Ella», dijo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El medio modifica el mensaje

Ayer, mientras comía (más tarde de lo que almuerza la gente “normal”), escuchando la radio oí una tertulia en la que se discutía la forma de aprendizaje de la escritura manual. Al parecer en Europa y Latinoamérica utilizamos la cursiva de toda la vida, pero no esa que hoy vemos en el ordenador como letra “inclinada”, sino las letras enlazadas (o sea, todas juntitas). Por el contrario, en el mundo anglosajón (EEUU más Reino Unido) a los niños se les enseña a escribir en imprenta minúscula, o sea con las letras todas separadas entre sí, con lo que tienen verdadera dificultad de leer manuscritos. Eso me hizo pensar... ¿Se dieron cuenta de lo poco que escribimos a mano hoy en día? ¿No les da lástima? A mí, sí.


La pasada Navidad (del 2009, en realidad), un día de diciembre al llegar a casa después del trabajo, abrí mi buzón y, para mi inmensa sorpresa, encontré un sobre con destinatario y remitente ¡¡¡escritos a mano!!! No se pueden imaginar mi emoción. En ese preciso instante pensé que alguien se había tomado la molestia de ir a la tienda a comprar una tarjeta pensando en que me gustase, de escribir en ella una dedicatoria personalizada (no de esas dirigidas a la masa ‘amiguil’), de buscar mi dirección y ponerla con su boli lila de punta gruesa en el anverso del sobre cuidando que no faltara detalle para que el cartero no tuviera ocasión de equivocarse y, finalmente, de acercarse a un buzón u oficina de correos a enviarlo. ¡¡Pero qué maravilla!!! Por supuesto, después de este momento “emoción vintage” (o sea, ‘lo mejor de los tiempos pasados’), entré en casa corriendo y rápidamente busqué el número de Vivian, (esa amiga divina venezolana que afortunadamente heredé de mi hermana Fernanda, alias “Meny”), para agradecerle de todo corazón ese gesto (ahí el detalle) salido del alma. En serio, ese e-mail de menos que recibí gracias a esa tarjeta de papel me pareció el primer mejor regalo de la época navideña.

Háganse una pregunta: ¿Cuánto tiempo hace que no dejan una notita de papel y lápiz a la persona que convive con ustedes? ¿Cuánto hace que no escriben una carta y la mandan por correo? ¿Cuánto hace que no hacen la lista de la compra a mano? ¿Cuánto hace que no pasan una nota manuscrita por debajo de la puerta de alguien? ¿Cuánto hace que no hacen un examen a mano? ¿Cuánto hace que no toman nota de una receta de la tele en un cuaderno destartalado? (¿a que la buscan en internet?).

Lean este artículo (no sean vagos, sólo son dos minutitos) y van a ver que no sólo es “romántico” el hecho de escribir a mano, sino que además tiene unos efectos muy positivos en la parte (ojo al palabro) sensoriomotora del cerebro.

Si son valientes y quieren saber más también pueden leer éste.

Ah! No se olviden de dejar hoy una notita manuscrita a alguien… a ser posible, con un manchón de tinta.
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