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lunes, 18 de marzo de 2013

In-condicional-mente

Piénsenlo detenidamente ¿Con cuántas cosas son ustedes incondicionales en la vida? Yo, con pocas, la verdad.

Con el Nesquik sí. No lo abandono por el primer cacao que se me pone delante, pero también lo era con la mayonesa Hellmann's y ahora mismo ya me da igual cualquiera, sea ligera o no. Lo era antes con mi champú, pero hubo un momento en que me empezó a costar muchísimo ser fiel porque, como no cumplía todo lo que prometía en el envase, dejé de dar segundas oportunidades.

Tampoco lo soy con los fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, etc. Yo voy, les cuento mis problemas con la espalda, rodilla, lumbares y achaques en general y siempre prometen, confianzudos ellos, que me lo arreglarán ahí mismito y que ya veré qué bien, pero lo cierto es que nunca dan en la tecla tan mágicamente como predican, así que me voy y si te he visto no me acuerdo. Otros con los que no soy para naaaaada incondicional son los/las peluqueros/as. Ya conté en alguna ocasión mi conflicto permanente con el gremio. Rara vez me voy con sonrisa y casi nunca vuelvo. Lo mejor/peor es que cuando tenía 20 años disimulaba y les decía que me gustaba aunque rabiara por dentro pero ahora, como soy casi el doble de madura, ya no me importa en absoluto decir la verdad y que piensen que soy una tiquis-miquis o hasta incluso una histérica. Esto tiene un toque extravagante ¿no creen? Es más, casi espero con impaciencia a que acaben para poder hacer el numerito ;-) Ventajas de hacerse mayor, que son pocas, pero graaandes.

Y en cuanto a seres a otro nivel, soy incondicional con mis amigas y con Woody Allen, y eso es  porque cualquier cosa que hagan me parece que está bien. Y no es que esté dispuesta a mirar para otro lado si hacen algo que no me gusta. Simplemente me gusta lo que hacen y ya está. No lo analizo. La pena es que esta lista acaba de sufrir una baja inesperada. Un miembro honorífico y, hasta ahora, bastante bien posicionado, acaba de caerse desplomado.

¡Pero Pedro, por favooooooor! Desde "La mala educación" no me dabas un disgusto así. Y mirá que me cuesta estar ahora pregonando que "Los amantes pasajeros" es lamentable, pero no me queda más remedio. Estoy tan sorprendida de tu desgana transparente, de tu evidente falta de esmero, de tener que aceptar que no se vé tu sello por ningún lado, de que parece que te divertiste pero que no pensaste en divertir, de que ya no te ponés nervioso ante los retos, que estoy pensándome dejar de ser tu fan incondicional (bueno, probablemente sufra de condicionalidad interruptus, porque quizás vuelva a caer en la ciega ilusión pre-estreno alguna vez) pero lo de hacerte buenísima propaganda a cambio de nada se acabó.  

Como todas, esta última película me hizo salir corriendo a verla el mismo día de su premiere (si hay algo que no puedo consentir es leer críticas y escuchar comentarios de gente que ya vio las películas y no haberlas visto yo) y todo para comprobar que al cabo de una hora, mientras seguía esperanzada, tu esencia seguía sin aparecer.

Es triste contarte que no me enamoré de ningún personaje, que no quise el peinado de ninguna de las actrices ni el papel pintado de la casa del protagonista. Que no me reí a mandíbula batida ni salí corriendo a buscar esa música embriagadora. Que no me emocioné hasta la médula, no lloré lagrimones ni carcajeé hasta la campanilla. Que no se me hizo un nudo en la garganta ni tuve miedo de que encienderan la luz antes de limpiarme los mocos. Que no me olvidé durante dos horas de que al día siguiente tenía que hacer la compra y lavar la ropa de color... Así que te digo una cosa: eso, más que ver una película, es una verdadera pena, porque el cine sin eso no es cine y los fans con condiciones no son fans ni son nada.

Pequeña aclaración: No pude, por más que lo intenté, utilizar el término en plural que recomienda la RAE. Sé que ustedes sabrán perdonar... eso de poner "fanes" me suena a cualquier cosa menos a grupo de admiradores, seguidores o whatever que se le pareza... Es que habría quedado raro... ¿o no? De todos modos, como no puedo dejarlo así, ahí copio la explicación del Panhispánico para que nadie se espante.

fan. 1. Voz tomada del inglés fan, acortamiento de fanatic, que se usa, como sustantivo común en cuanto al género (el/la fan; género2, 1a), con el sentido de ‘admirador o seguidor entusiasta de alguien’ o ‘aficionado entusiasta de algo’. Es anglicismo asentado, a pesar de que existen palabras españolas que, en la mayoría de los casos, pueden sustituirlo, como admirador, seguidor, aficionado, forofo, hincha (en deportes de equipo, especialmente en fútbol), incondicional, entusiasta o, incluso, fanático.
2. Aunque está generalizado el uso del plural inglés fans, se recomienda acomodar esta palabra a la morfología española y usar fanes para el plural ( plural, 1g), igual que ocurre en flan, pl. flanes o yen, pl. yenes: «Va en una simple silla de manos, pero a hombros de seis de sus fanes femeninas» (Sampedro Sirena [Esp. 1990] 308).

jueves, 7 de febrero de 2013

La intimidad de los otros

Muchas veces hablé acá de Casa Chaucha porque me parece una maravilla de compendio de imaginación, personalidad, fotografía y decoración, todo en uno. Eso de poder adentrarse, desde la nuestra, en la realidad de las casas de los otros para ver cómo otras personas disponen sus objetos, el entorno en el que viven su intimidad, sus preferencias y sus gustos, es un privilegio.

Además de ser preciosa, esta misma página prodigiosa, ofrece un apartado absolutamente revelador que se llama "Si existiera, visitaríamos...". Gracias a visionar los fragmentos de películas que ahí propone, me volví loca buscando algunas de ellas sólo para disfrutar de esos ambientes rebosantes de personalidad que hablan de sus protagonistas por sí solos.

Les recomiendo fervientemente que dediquen unos minutitos a verlos. Son cortos y jugosos y, después de mirarlos con atención, también van a tener la fiebre cinéfila-decoradora que les va a impulsar a sentarse una tarde frente a la pantalla a disfrutar de las historias enteras.


Me gustaría mucho saber cuál de esos hogares sinigual les gustó más

Mírenlas todas ACÁ.






jueves, 27 de septiembre de 2012

Por mí no te preocupes

Como super fan que soy de Woody Allen no quise esperar ni un poquito a ver su nueva película, así que el sábado, Ceci y yo, nos fuimos felices a ver "A Roma con amor".

Bueh... ¿qué les voy a decir? Me da un poco de penita criticarlo porque yo se lo perdono todo, pero los antifans van a aprovechar para echarle en cara todo lo anterior (hasta que se casara con su hija adoptiva).

Digamos que no se esforzó mucho esta vez. Estuvo tan brillante en "Midnight in Paris" que no dejó ni una gotita de Red Bull para tomarse en ésta.

Lindísima fotografía (de una lindíiiiisima ciudad), vestidos preciosos, piernas largas, flores por todos lados, calles llenas de gente modernísima, edificios viejísimos que se caen a pedazos pero que nos parecen lo más ideal del vintage, pero seamos realistas: eso es todo lo que hay.

Pero Woody ¿era necesario convertir tu película en un tutti frutti (¿con dos T las dos veces?) de trozos de otras pelis mediocres que encima ni se enlazan bien? ¿querías probarte que todavía estás lúcido o sabés claramente que por un pequeño traspiés como éste tus incondicionales no te íbamos a abandonar y te diste el gustazo de hacer lo que te da la gana? 

Por mí no te preocupes, yo te perdono, pero no te arriesgues con los que todavía no saben que te adoran.

Quizás no sean suficientes como razones para ir a verla, pero si vas te va a gustar:

- el policía italiano hablando inglés (ese inglés que hablan los italianos)
- Ornella Mutti con cara casi de adolescente
- el apartamento del arquitecto
- el vestido de la chica de pueblo
- los tacones de Penélope
- que Woody está ahí


Y si en la próxima estás cansado, no te preocupes, yo voy a ir a verla igual.

jueves, 12 de julio de 2012

Café local

Hace poco el blog de Elephantine proponía un reto fotográfico que consistía en ir a una cafetería en la que nunca hayas estado y hacer fotos del lugar, de la comida y del nombre en el cartel.

En mi caso no se trata de un lugar al que nunca había ido antes pero sí uno al que hace poco que voy. Está muy cerca de donde vivo y tiene un aire especial. Si no me equivoco está empezando (o lleva relativamente poco tiempo abierto) y todavía no logró arrebatarle la clientela (o compartirla con ellos) a los bares tradicionales de los alrededores.

A mí me gusta porque el lugar es diferente. Si no me equivoco, en sus tiempos mozos fue un cine de barrio y el edificio está casi intacto. Y, la verdad, creo que tiene encanto. Además te atienden como si fueras alguien de la familia o de los amigos que pasa a saludar, y ellos te abren las puertas de su casa para que tomes un café o comas algo y charles un poco.

Pasen y vean.


ésto es lo primero que ves al entrar

luego te giras y ves ésto (la entrada)
caminás un poquito y te volvés a girar para ver la sala entera


estás llegando a la parte de atrás para salir a la terraza



 

te comés algo rico en la terraza un día de sol
y al marcharte vuelves a mirar en la entrada el plan para hoy

y el cartel


miércoles, 9 de noviembre de 2011

El discurso de tu vida



Ayer iba en el coche y en la radio escuché, en vivo y en directo, la lista de galardonados de los premios Ondas. Y voy y me emociono. Ya ven, emoción con la entrega menos emocionante del panorama “galardonil”. Listita de ganadores y ya está. Ni suspense, ni flashes, ni nervios de esos de arañar los apoyabrazos de la butaca. Pero los premios son así. Me arrugan la nariz y me da por tragar espeso. Y ya sabemos que al final son todos cursis. Lo son. Los premiados siempre dicen lo mismo: “Esto no es sólo para mí, es para todo mi equipo” o “Lo comparto con mis rivales que tanto lo merecían” o cosas como: “No me lo esperaba”… Vengaaaa, ¿en serio?
Pero la verdad de la buena es que a todas nos encantaría estar en un escenario con un vestido rojo palabra de honor y las pestañas más altas que nunca, zapatos de esos tan monos que duelen como si fueran de espinas, con la sonrisa blanco nuclear y un collar de no sé qué diseñador de nombre francés que te obliga a llevar guardaespaldas. Y, sobre todo, nos gustaría estar ahí para dar ese famoso discurso de agradecimiento, con o sin chuleta, da igual. (Por cierto ¿no es un poco pedante llevar la chuleta? Siempre pensé que quien la lleva es que estaba seguro de que iba a ganar… ¡qué sobeeeerbia!).
En fin, que a todas nos haría ilusión, mucha, y tooooodas (no digan que no) sabríamos cómo decir ese discurso con mega-elegancia porque ya lo practicamos mil veces en el espejo del baño con el champú en la mano a modo de premio.
Yo con mi Pantene: “¡Gracias, gracias! ¡Muchísimas gracias! Esto no es sólo un reconocimiento para mí sino también para mi equipo (tenía que decirlo). Fulanito: gracias por tu apoyo incondicional. Menganito: gracias por darme mi primera oportunidad. Papá, mamá, Cuqui, Loli, Toti y a Mr. X que está allí sentado (con esmoquin, zapatos impecables y brazos de hierro), gracias por estar ahí cada día…” etc. etc. En fin, toda la ristra. Y un poco de lagrimita, que siempre queda genial (sólo un poco, que sabemos que el rímel peligra y no queremos salir así por la tele).
¡Ah! Y lo que me dan en mis fantasías siempre es ¡un Oscar! Evidentemente ni pienso en que sea por actuar. Es el premio más glamuroso y punto. Bueno, un Grammy tampoco estaría mal.
La verdad de la buena ¿nunca salieron de la ducha y, champú en mano, dieron el discurso de sus vidas después de haber quitado con la manga del albornoz el vaho del espejo?
¡Vengaaaaaa! Confiesen… no me dejen sola.

PD: Mi ideal de discurso de agradecimiento, de vestido, de llanto y de toooodo fue el de HalleBerry cuando recogió el suyo. Así, tal cual, me imaginé yo.


martes, 11 de octubre de 2011

Me muero de ganas de ver...




In the mood for love (Deseando amar)

Mi hermana Ceci que, con la que no siempre coincidimos al cien por cien en los gustos cinéfilos (véase: ella se queda dormida y a mí me parece buenísima o viceversa), me recomendó hace tiempo que viera esta película. Y tengo el presentimiento de que va a ser de esas que sí, que me gustan. No sé. La atmósfera, la historia, ¡la música!, el vestuario...
Como hoy es semi-viernes y dan ganas de relajarse e incorporar ese elemento que distingue a un día laborable normal del maravilloso viernes (la pizza suele estar incluida en el plan del viernes o como se le quiera llamar, previo al día libre) pensé en hacer el intento de verla hoy (siempre que consiga ganarle la batalla al sueño que, con la colaboración inestimable del sofá y la manta, insisten en fastidiarme la noche del último día hábil de la semana impidiendo que cumpla mis planes). Y como los video-clubs son ya especies en vias de extinción (o extintas, más bien), quizás me acerque a la biblioteca, mamá de la videoteca, para que me la presten.
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