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domingo, 9 de septiembre de 2012

La pólvora no se descubrió hoy

Siempre pensé que si fuera hombre estaría loco por Mónica Belucci. Pero bueno, también pienso que si fuera hombre tendría la cabeza mucho más despejada y no iría como una centrifugadora todo el día, que es lo que hago en realidad.

Lo de la cabeza en forma de máquina infernal no es para nada buena idea pero parece que es una
condición virtud que tenenos casi todas nosotras. Por favor, si hay alguien con una teoría diferente que se manifieste. Me encantaría saber que hay mentes femeninas por ahí que no trabajan a destajo casi sin saber por qué. Serían mi fuente de inspiración.

Eso de la naturaleza humana es curioso. Cuando nos crearon, nadie pensó que sería mejor que hombre y mujer tuviéramos el mismo tipo de mente. Que en las características físicas haya diferencias está bien pensado. Tienen que haber secciones que encajen y todo eso, pero lo de la mentalidad frenética en un caso y en semicoma en el otro, eso no se pensó bien. 

Yo no soy muy fan de la psicología en general, sobre todo si divaga en exceso o abusa del sentido común planteándolo como si hubiera descubierto la pólvora, pero sí me gusta analizar las cosas (como buena centrifugadora argentina que soy) y, después de leer este artículo me muero de ganas de exponer mis conclusiones y plantear mis inquietudes universales que seguro que generarán olas de sentimientos de identificación entre otras colegas centrifugadoras. Digo yo, no sé. 


Analicémos pues:

1- Hombres y mujeres tienen circuitos cerebrales diferentes
¡Primicia! ... ésto no lo sabíamos. Ya sé, es un artículo científico y eso respalda sus afirmaciones, pero yo no soy científica ni estoy cerca de serlo y les juro que ya lo intuía (¿ahora ven a lo que me refiero con lo del abusar del sentido común?).

2- Las mujeres sienten dolor de forma diferente a los hombres
Debe ser por eso que ellos agonizan con un resfriado y con fiebre penden de un hilo entre la vida y la muerte, mientras que nosotras podemos acarrear con la rutina en días de regla y organizar la boda del príncipe durante el padecimiento simultáneo de un cólico nefrítico, lumbago y migraña. 
Ésto también lo sospechábamos. 

3- Los hombres son más propensos a sufrir problemas de memoria que las mujeres
Ay, eso sí que es novedad. Lo deben haber descubierto ahora.
Debería haberlo adivinado cuando concluí que la pregunta favorita del Mr. es "¿dónde está?" acompañada de un sustantivo que suele ser un objeto que tiene un sitio fijo desde que vivimos en esta bendita casa y que nunca cambió de lugar. 

4- Estar en buena forma es más difícil para las mujeres que para los hombres
Ésto sucede porque mientras ellos van a correr nosotras nos quedamos en casa recomponiendo las ruinas después del huracán en el que salvamos milagrosamente la vida. 

5- Dormir mal es más dañino para las mujeres que para los hombres
Porque mientras nosotras no dormimos pensamos, y ellos como duermen bien, no tienen tiempo para eso. Si pensamos de día y de noche la centrifugadora no para y se produce un cortocircuito. Imprescindible la bajada de tensión para darse un respiro.

6- Mujeres y hombres tendrían diferentes estructuras cerebrales
"¿tendrían?" ¡Tienen! (y repito que yo no soy científica). Acá falló el tiempo verbal.

7- Hombres y mujeres discuten de forma diferente
Ay, ay, ay... acá quería llegar. Una de las experiencias más reconfortantes que la vida ofrece entre dos amigas sucede cuando una le cuenta a la otra la discusión de ayer con su pareja y ésta lo entiende todo a la primerita. Sorprendente ver cómo ella SI que te entiende. 

8- Las mujeres se preocupan más que los hombres
¿Hay alguien que discrepe? Ni siquiera ellos. 

9- Existen diferencias en cómo los hombres y mujeres leen el lenguaje no verbal
-No es lo que dijiste, es cómo lo dijiste. 

10- En las fotos de desnudos, los hombres miran primero el rostro 
No puedo más de la risa. No puedo.
Ahora me van a decir que si Mónica Belluci posa desnuda ellos se fijan en la nariz.
La verdad, yo tampoco. 




martes, 19 de junio de 2012

La eficacia del trabajo


El destino nos unió, sin el menor deseo por mi parte, hasta hacer de nosotros un dúo inseparable. A falta de mejor instructor, él me enseñó cuanto sé: la eficacia del trabajo (no compensa), la importancia de ser honrado (si eres imbécil), la trascendencia de la verdad (nunca decirla), lo aborrecible de la traición (y su rendimiento) y el verdadero valor de las cosas (ajenas), así como, por inducción, lo indicado de la tintura de yodo para las heridas, arañazos, hematomas y excoriaciones. A su sombra me hice riguroso en la planificación de mis actos, cauto en la realización, meticuloso en la ocultación posterior de todo rastro. En vano: de poco me valieron estas mañas enfrentadas a su sagacidad, sus conocimientos prácticos, su ciencia y la ventaja que otorga disponer de muchos medios y carecer de control y de escrúpulos. Siempre me engañó y nunca se dejó engañar de mí, llegando incluso, en ocasiones contadas, con falsas promesas, a valerse de mi esfuerzo y mi persona en provecho suyo, para dejarme luego en la estacada. A menudo me preguntaba si tanto encarnizamiento y tanto encono no ocultarían, en el fondo de su alma, un rescoldo de afecto mal tramitado, pero después de sopesar cuidadosamente los indicios a la luz de las más acreditadas teorías sobre los actos fallidos y otras meteduras, acabé resolviendo que nanay.

¿Genial o qué???


Se trata de un fragmento del libro La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza que estoy leyendo y que tiene pasajes que son dignos de publicar acá para que nadie se los pierda.


Les juro que el otro día, mientras lo leía sentada en mi silla en esa playa con las piernas al sol y la brisita en el pelo, me partí de risa y me morí de admiración...

Supe quien era Eduardo Mendoza hace relativamente poco cuando le dieron el premio Planeta por Riña de gatos.  En ese momento, al no haber leído nada suyo, simplemente me dejé llevar por la frivolidad y me enamoré de la cara de ese tipo ultrasimpático de sonrisa permanente que salía en las entrevistas agradeciéndolo todo. Ahora que sé que además de encandilar con sus encantos, mezcla de hombre intelectual y campechano, es de pluma magistral, no puedo hacer menos que promocionarlo.

Al parecer, el personaje de este libro no paró las aventuras en ése sólo y le siguieron dos más, uno de ellos el último en salir al mercado. Lo digo por si se animan. No sé si les va a gustar, pero casi me arriesgaría a asegurar que les va a sorprender y mucho. Su forma de escribir es tan particular, que a veces uno piensa que ni se paró a releer y lo escribió todo del tirón. Cosa fácil no debe ser, no.


Ahora un ejercicio: Relean el pasaje y díganme si no se parece, y mucho, a lo que podríamos decir de los políticos actuales...

¿Eh?¿Qué tal?

lunes, 18 de junio de 2012

Panna cotta no, Blanca Cotta

Cuando yo era chica, los domingos mi papá compraba el diario Clarín que venía con la revista suplemento. Evidentemente aquél papel impreso en blanco y negro con fotos de hombres serios y anuncios fatalistas no me interesaba ni un poquito, pero la portada del dominical con su papel mate colorido con imágenes de señoras bien vestidas, casas bien amuebladas o recetas bien cocinadas sí que tenía su atractivo.



Había secciones de todo tipo pero una en particular que nos resultaba especialmente interesante. Era la sección de recetas de Blanca Cotta. Y acá es donde las lectoras argentinas asienten con la cabeza y sonríen porque allá es archiconocida. Las españolas o de otros lares posiblemente se queden igual. Si ése es SU caso (sí, de Usted) no pierda la oportunidad de conocer sus recetas y, sobre todo, de leerlas porque la manera en que están redactadas engancha.

Las recetas son sencillas y, una cosa les digo: siempre salen bien. Es como si vinieran con un sellito de garantía. La lectura es amenísima y dan ganas de leerla sólo porque sí, aunque no nos guste cocinar. Y además esta señora, que es polifacética, ilustra de maravilla cada cosa que escribe. Casi siempre en sus recetas hay algún dibujito de una cocinera divertida "entre ollas y sartenes" (que es como se llamaba su sección en Clarín).



Esta mujer con cara de buena gente es maestra y profesora de Letras, cocinera, humorista gráfica, periodista y guionista de televisión entre otras muchas cosas. Quizás si fuera más joven, además tendría un blog.



Hoy, en un blog de cocina hecho en conjunto por cuatro blogs distintos unidos por su admiración a esta señora entrañable, encontré una receta espectacular. Sí, la de la foto de más abajo. Que realmente es del blog y no de Blanca (la foto digo, la receta sí). Me pareció buenísima para hacer y una excusa ideal para contarles sobre esta mujer que tenía encandiladas a todas las amas de casa con alma cocinil del país.

Si navegan por ahí van a ver que hay montones de recetas suyas en la web y si se animan a probarlas van a ver qué ricas. Yo tengo guardada en un plastiquito una que no falla de pasta frola de dulce de leche (y que admite variantes porque la masa la usé para muchas otras tortas que no eran exactamente ésa y quedó perfecta siempre).

Si después de todo ésto quieren conocerla, vean ésto, y si quieren hacer algo rico y quedar genial la próxima vez que el embajador las invite a cenar, lleven ésto.




viernes, 1 de junio de 2012

No es por dar envidia

Mi última intención es hacer publicidad, pero vale la pena ver este video y disfrutar de esas imágenes preciosas... No les dé envidia si les cuento que este fin de semana intentaré visitar alguno de los lugares que salen en este video.... sí, todos están cerquita... ;-)


Con cariño especial para los que en este momento viven en invierno...

viernes, 4 de mayo de 2012

Hoy quiero ser...

Tengo un problema: hoy quiero ser fotógrafa. 


Pero si fuera por eso, cada día tendría uno diferente porque demasiado a menudo se me ocurren cantidad de profesiones nuevas que me hubiera gustado ser (un tiempo de verbo complicado, teniendo en cuenta que nunca cierro la puerta del todo).

Si tuviera que incorporar ahora mismo una nueva ocupación a mi vida sería la fotografía. Bueno, me hubiera gustado ser fotógrafa del National Geographic, pero de ningún modo puedo soportar cuando el león persigue al cervatillo desesperado por la selva, así que está claro que no puedo. 

El otro día tuve una gastroenteritis, fui a la clínica, y de repente se me ocurrió que me quería ser médica. El día que veo mamás o papás que llevan a sus niños sin sujeción en los coches quisiera ser policía.Cuando oigo la radio, quiero ser periodista. Cuando voy de compras, diseñadora. Cuando me hago un masaje, reflexóloga. Cuando paseo a Nela y a Lilly, veterinaria. Cuando discuto, abogada. Cuando leo, escritora… y así un sinfín de profesionales más, siempre según las circunstancias. También me pasa a veces que quiero ser francesa, por lo del glamour. Inglesa, para tomar un té riquísimo a las 5. Japonesa, para saber hablar un idioma raro. O nórdica, para tener piernas largas y cintura chiquita. Pero eso, como lo de la selva, no puede ser. 

 

Lo de la fotografía de hoy me viene gracias a que, dando un paseo por estos mundos cibernéticos (¿todavía se usa esta palabra?) encontré una web que me dilató las pupilas. Mucho. Además de por sus fotos preciosíiiiisimas (como dice mi prima Vale), por la manera que tiene de contar las cosas ésta fotógrafa en su blog

La verdad es que son dos cosas que me dan envidia; el talento para la imagen y la destreza para la escritura. Bueno, también me produce admiración la gente que cocina de rechupete, los que tienen siempre el pelo perfecto, las personas habilidosas para todo, la gente que no pierde la compostura, los que nunca tienen mal humor, los que saben hacer reír (uh, qué bueno eso!)... y muchas cosas más, pero esos son temas de otro post

Si quieren tener un viernes relajado, lindo y agradable, den una vueltita por la web de Jackie Rueda, y van a ver lo que les digo.

Que lo pasen bien. 


jueves, 3 de mayo de 2012

20 cosas (muchas más que 5)

Lista de veinte cosas que nos molestan de los hombres (a nosotras, claro):


1. Que nos obliguen a repetir lo mismo veinte veces seguidas.
2. Que no encuentren nada, a pesar de que esté delante de sus narices.
3. Que no escuchen lo que estamos diciendo.
4. Que busquen las cosas con desgano, mirando hacia cualquier lado.
5. Que se crean los dueños del mando a distancia y los guardianes de todos los aparatos tecnológicos de la casa.
6. Que nos traten como a un hermano: nos tiren al agua, nos salpiquen, nos aplasten, nos despeinen, nos hagan cosquillas.
7. Que mojen todo el suelo cuando se bañan.
8. Que no se fijen en los detalles y les de lo mismo comer de la fuente, con o sin mantel individual, en una taza que ya usaron esa mañana.
9. Que nos digan “tranquilízate” o “relájate” cuando estamos gritando.
10. Que digan “ya voy” cuando tienen que sacar la basura, atender el teléfono, lavar los platos, cambiar los pañales.
11. Que nos pregunten “si nos está por venir” cada vez que estamos sensibles.
12. Que piensen que todos los hombres con los que hablás se quieren acostar con vos pero que no se den cuenta cuando una chica quiere algo más con ellos.
13. Que nunca le digan de verdad como están ni cómo se sienten a sus amigos.
14. Que odien que llores mientras discuten.
15. Que nunca lloren y se enojen si les decimos que llorar está bien.
16. Que nos pregunten a dónde vamos doscientas veces, a pesar de que les hayamos dicho todos los días que teníamos que ir al médico.
17. Que regalen mal.
18. Que no se den cuenta de los cambios de pelo, ni de la ropa nueva, ni de esos dos kilos menos.
19. Que crean que todo lo que hacemos se hace en dos minutos y sin esfuerzo.
20. Que con el paso del tiempo empiecen a dar besos largos sólo antes de tener sexo.


¿A que son geniales? Lamentablemente, agruparlas de esta forma tan brillante no se me ocurrió a mí, se le ocurrió a ella.


miércoles, 2 de mayo de 2012

El pajarito moderno

Llevo un par de días preguntándome dónde está ese pajarito que pía por todos lados. En el coche, conduciendo ayer nos hacíamos esa pregunta: “¿Escuchaste? Es un pájaro”. En casa, mientras recogía la mesa, también. Paseando por la calle, lo volví a oir… pobre pajarito. Pero ¿dónde estás? Quizás me esté volviendo mayor y mis oídos me juegan malas pasadas.

Si es así y me estoy volviendo viejita quiero que sepan que siempre dije que quiero ser una vieja moderna… cuando sea vieja, claro. De momento son ‘joven’ y también quiero ser una joven moderna. Y ‘moderna’ quiere decir que, aunque no siempre esté a la última de todo (porque estar a la última es un estrés, la verdad), que siempre tenga la capacidad de tener los ojos, las orejas y la actitud bien abierta a aprender cosas nuevas.

La cuestión es que, teniendo una hermana joven de verdad una tiene que dar muestras de apertura de mente bastante a menudo para que no se la coloque en el baúl de las cosas en desuso… (ay, qué penita) y por eso me subo al carro de las nuevas tecnologías.

El tema Whatsapp (dios mío, que lo haya escrito bien, por favooor) me traía loca. Todas mis amigas, compañeros de trabajo, gente sentada en la mesa de al lado en la cafetería, etc. hablaban de que 'te mando un guasap y quedamos', 'te lo cuento luego por guasap' o 'te envío la foto por guasap para que lo veas'. Hay que ver qué mal suenan las palabras cuando uno no las conoce. Feas, feas. Eso sí, siempre hay que poner cara de “mmmhhh… claro, claro”, como que una lo entiende. Porque como dice mi amigo Iñigo, “no sólo hay que serlo, sino parecerlo”. Moderna, en este caso.

Y como ya se trataba de un caso de urgente necesidad, recibí un flamante móvil nuevo en mi cumple, yo hice lo propio con la compañía telefónica y mi cuñado joven y fornido me instaló la aplicación en cuestión (todavía recuerdo cuando “aplicación” era lo que ponía el champú en la etiqueta antes de explicarte las instrucciones de uso).

Así que ahora lo tengo y me siento modernísima. Tanto, que estoy pensando a quién puedo contarle cosas tan relevantes como que llevo unas medias que no me gustan porque me las puse esta mañana en la oscuridad, que me acabo de tomar un té verde o que ya voy (¿adónde? no sé), con una carita torcida que quiere decir sonrisa.

A todo esto: sigo oyendo el pajarito…
Esta mañana volvió a piar. Parece que me acompaña a todos lados. Ya le estoy tomando cariño. A lo mejor hasta le pongo nombre. 

Se va a llamar: “Whasson” … por tomarme el pelo y no decirme que era él.


jueves, 26 de abril de 2012

Los tres elementos


Al parecer, la fórmula de la felicidad tiene unos componentes bien definidos. Lo dice Eduard Punset, no lo digo yo, pero yo presto atención porque sin duda éste es un tema atrayente. No me digan que no.

¿A quién no le interesa la receta de la pócima que otorga dicha permanente? 
La felicidad en términos relativos cada uno la maneja a su gusto pero, por lo visto, también está compuesta de elementos comunes a casi todos los individuos. No lo digo yo, lo dicen las estadísticas resultado de esos estudios sesudísimos que se hacen esas universidades cuyos nombres suenan como marcas de champú. 


Aparentemente, el primer elemento que nos hace dichosos son las relaciones personales. Cualquier contacto, en la forma que sea, resulta altamente influyente en el nivel de felicidad de cada persona. Por tanto, en esta categoría entran el abrazo de buenos días de tu pareja, el saludo de la vecina desde el balcón de enfrente mientras riega las plantas, la llamada de teléfono de una amiga para contarte que se compró un esmalte de uñas que te va a encantar, el e-mail de ese compañero de cole de hace años para convocarte a una reunión de ex alumnos, la visita de tu tía por la tarde para tomar té con galletas de naranja, el detalle de tu padre que te trae medio kilo de fresas porque sabe que te encantan y todas las relaciones con los demás como tus variopintos compañeros de trabajo, el kioskero, la portera y el resto del elenco estelar de tu vida. 

El segundo elemento es el hecho de que puedas controlar algún factor de tu vida. Que te sientas el dueño y señor, el que decide sobre ésto o aquéllo, esa sensación de dominio sobre algún aspecto relevante: el amor, la amistad, tu casa, tu familia, tu profesión, tu presente, tu futuro, etc. Si te pones a pensar te das cuenta de que cuando algo se nos va de las manos nos invade el desasosiego. Interesante ¿ o no? 

Y el tercero.. ¿lo saben? ... es éso. Eso que te apasiona, lo que te mueve, tu momento, tu "salsa"... 
Si sos un surfista, la fuerza inexplicable que un día de lluvia y viento te hace arrancarte la camiseta para pasar frío en la cresta de una ola ('ojalá alguien me esté viendo desde la orilla y flipe', piensas). 
Si sos pintor, esa dosis extra de energía que te tiene una noche en vela retocando el retrato al milímetro hasta que queda perfecto ('de ésta, en la exposición quitan el Van Gogh para dejarme hueco') . 
Si sos peluquera, ese dolor de muñeca resultado de haber insistido hasta el agotamiento con el secador y el cepillo para conseguir el peinado imposible ('y L'Oreal todavía no sabe que existo?, por favoooor'). 
Si sos pastelera, la ilusión mayúscula de hacer esa tarta inmensa para una fiesta de cien personas y el disfrute de saber que dirán oooohhhhhhhh! de admiración cuando la vean ('habías visto a estos finolis chuparse los dedos así antes?'). 
Si sos mamá (una cosa que no se puede ser junto con ser objetiva), cuando se te caiga la baba al ver que tu hijo baila como ningún otro en la función del colegio ('los hijos de los demás son muy monos, pero no saben moverse'). 
Si sos amante, esa tremeeeeeenda noche.... ('tremenda').


¿Se lo habían planteado? ¿Son esas las tres cosas que nos hacen más o menos felices? ¿Las necesitamos en ese orden? Sea verdad o no, cuando una persona lleva el pelo tan cool como este hombre, una se lo cree todo.

viernes, 13 de abril de 2012

Stop the water

Ayer puse una lavadora antes de irme a dar mis clases de por la tarde. Hay que aprovechar el tiempo y entre comer a toda prisa y pasar la aspiradora en modo flash, o sea rapidito, puse unas telitas a lavar.

Yo soy de las que les encanta predicar eso de "apaga la luz cuando no estés en la habitación", "usa hasta la última gota del detergente", "apretá la pasta de dientes hasta que no quede ni un poquito" y esas cosas tipo lección de abuela. Pero es que me siento mejor así. Me siento más responsable, más respetuosa y mejor persona (o sea, un poco abuelil, sí, sí). Pero es que el derroche porque sí me mata.

La cuestión: que ayer puse la lavadora.

Después del periplo de mediodía, tareas domésticas incluidas, agarro mis cosas y me voy a toda prisa. Salgo por abajo hacia el garaje y veo que por el desagüe de nuestro lavadero (llámese coladuría o laundry o lo que sea según latitudes), sale agua casi a chorro. Uuuuyyyy... a toda prisa solté los libros en el coche y volví a subir. Era la manguera de la lavadora que se había salido de la pica (o pileta) y chorreaba por fuera... nada que no se solucionara volviéndola a colocar. Penita del agua que se había desperdiciado, eso sí, porque puede utilizarse luego para fregar la terraza.

Por eso hoy, que voy y me encuentro con esta línea de productos (ya saben que últimamente ando convertida en defensora y manager altruista de la gente creativa), me sentí un poco identificada.

¡Cómo me gustan los mensajes! Los buenos. Esos que dan en el clavo. No sé. Me gustan y listo (es como lo de las pizarritas -que ya contaré en otra entrada), y éste está muy bien.


Se trata de una línea de artículos de baño con un mensaje bien claro: "Stop de water while using me" (y aquí mi vena traductora: Para el agua mientras me estés usando).

Así que se las muestro para que vean qué bien. Envases sencillos, mensaje claro, material reciclable y productos biodegradables y ecológicos... un festival verde, vaya.

Miren:





Eso sí, hoy compruebo la manguera antes de salir. Fijo.

El enlace acá.

jueves, 12 de abril de 2012

No me llames iluso porque tenga una ilusión

Mi querido Lucas: Hay gestos que no tienen precio. Y a veces me olvido que este blog nació por eso, para dar brillo a esas cosas que marcan la diferencia y hacerlas visibles. Lo que vienen siendo "detalles", de toda la vida. Y vos lo hiciste muy bien.

Aunque sí es cierto que hay que decir que 'intuyo' que sos un profesional de ésto.



Dejándome llevar por la red, acabo de encontrar tu historia y debo comentar que aunque se parece sospechosamente a una campaña publicitaria, (y no me importa en absoluto porque me encanta de todos modos) por supuestísimo, no me dejó indiferente sino todo lo contrario.

Así que, como me gustó mucho, voy a contársela a la gente que lee mi blog ¿Qué te parece?

Lucas es un chico (imagino que tiene más o menos mi edad, o sea cierta juventud, y muy conscientemente lo llamo 'chico' y no 'hombre') brasileño que vivió en Barcelona durante tres años. Al parecer fue muy feliz ahí y cuando tuvo que marcharse decidió que iba a agradecérselo a la ciudad de un modo original. Compró montones de globos de helio y les pegó a cada uno unas entradas de teatro. Después, desde distintos puntos estratégicos de la ciudad, los fue lanzando al aire para que almas sorprendidas, de esas que necesitaban que algo así les pasara para pensar que ese día el mundo era mejor, los recogieran y disfrutaran de ellas.

Todo esto se plasmó en éste video y es (ahora viene la palabra que me gusta:) chulíiiiisimo.

Pasen y vean... yo ya pasé, lo ví y lloré (de emoción, claro... es que una tiene días sensibles, ¿sabe?)

martes, 10 de abril de 2012

Yo quiero ser como él

...por su sentido del humor, por su ingenio y por todo lo demás...



Es que es genial, lo mires por donde lo mires. Sí, Falsarius. ¡El chefcritor (chef+escritor)!

Tengo un compañero de trabajo, Jordi, con el que de vez en cuando compartimos consejillos recetiles y que una vez me dijo que también era su fan. Tan fan que, reconociendo el talento de este hombre para la cocina y la literatura, decidió un día comprar un libro suyo (pudiendo mirar las recetas por internet, ojo al dato) porque se sentía en deuda con la causa cocinera de Mr. Falsarius, óscar al mejor tenedor y pluma, otorgado por nosotros, claro.

Me encantan sus recetas, sus ideas y la manera en que cuenta las cosas... y si no piensan igual, lean esta descripción de la fruta con sus consiguientes instrucciones para preparar un rico y ultra sencillo postre de emergencia y ya verán como se convencen y se hacen eso que se dice ahora "followers" de su blog... (que es igual que "seguidor" pero en guay):

La fruta tienes dos estados básicos. Uno radiante y apetecible cuando la compras y la llevas a casa, y otro, podrida y tumefacta cuando por fin decides comértela. A mí por lo menos me pasa siempre. Qué extraños sucesos pasarán entre ambos estados, es algo que se me escapa y desafía mi entendimiento. La cosa es que yo compro una fruta chula y pinturera, de esa que hubiera tentado a Adán y Eva y les hubiera costado el Paraíso, y cuando me acuerdo de comérmela es una piltrafilla que se la das a una cabra y te cocea la entrepierna. Cuánta fruta no habré comprado, enaltecido por sus salutíferas virtudes, poseído por la creencia, seguramente incierta, de que te comes una manzana y adelgazas no sé cuantos kilos, o simplemente enlozado en la lujuria, fascinado por sus formas opulentas y sus colores más bien cachondones y lozanos. Y luego vas a comértela, el día que te da por ahí y dices, anda si yo compré fruta, y en vez de tu manzana brillante y lustrosa como la que le dio la bruja a Blancanieves, te encuentras a su abuela. Para evitar este tipo de chascos, la ciencia moderna ha inventado la fruta envasada, así que en nuestra receta de hoy, unas ricas EMPANALLETAS, unas empanadillas con textura de galleta, vamos a utilizar puré de manzana de bote y unas pasas. Que las pasas, como ya eran abuelas cuando las compramos, no decepcionan nunca.

martes, 27 de marzo de 2012

Un poquito de rabia sí que da...

Me lo estuve pensando mucho. Mucho. Casi que no me decido. Es que en realidad no debería.



Hace ya unos meses que descubrí a una pareja de creativos que son lo más. Pero lo más-lo más, eh.

Sinceramente, mi primera reacción fue: "¡Guau, éstos sí que son listos!", "¡pero qué buen rollo!", "¡qué imaginación!", "me encantan, me encantan, me encantan"... y rápidamente pensé en escribir sobre ellos.

Pero NO. Me detuve a pensar y ahí apareció el diablo rojo sobre mi hombro izquierdo para hacerme dudar... mmmhhhh....: "Un momento". "No, no, no. No lo hagas. No escribas sobre ellos. Quizás podrías c-o-p-i-a-r-l-o-s   y de una vez por todas poner en marcha una buena idea, hacerla realidad y montar algo con lo que trabajar y divertirte al mismo tiempo".

Ése sí que fue un pensamiento bien razonado. Sí. Estaba decidida. No voy a publicarlo. ¡Ni hablar! Digamos que me van a servir de... inspiración (me resistía a llamarlo 'plagio'... ni por lo bajini).

En un e-mail furtivo le pasé la web a mi hermana con un mensaje en clave: "Mirá ésto... te va a interesar". Bueno, en realidad también le dije: "¿Ves?, ¿lo viste bien? ¡Éso es lo que tenemos que hacer! ¿no te parece genial? ¡Basta de trabajar para otros! Rompamos con la rutina".

Obviamente era un secreto que la idea la copiaríamos igualita-igualita. Bueno, al 99 % porque se llamaría "Mrs.Wonderful" y así no se notaría.

Entre las dos decidimos que no se lo diríamos a nadie e iríamos a trabajar cada mañana andando despacito y de puntillas con un antifaz negro de esos de ladrón. Todos los días iríamos en silencio a las 6 de la mañana de incógnito por las calles neblinosas y con una llave enorme abriríamos la puerta chirriante de nuestra ¡¡suuuper-oficina!!! ¡yuuuupiiiii! ¡ya teníamos un plan!

Pero pasaron los meses y, como sigo entrando a hurtadillas en su página para ver qué cosas hacen y me sigo maravillando, caí en la realidad y me convencí de que no podríamos hacer lo que hacen ellos, por lo menos no taaaan bien.


Ellos son Angi y Javi de Mr. Wonderful y su blog se llama (y es) muymolón. Es taaaaan lindo (y da taaaaaanta rabia) darse un paseo por su página y leer todo sobre ellos y ver que todo lo que hacen es una maravilla...

No sólo son originales elevados a la máxima potencia sino que son ocurrentes y divertidos en cada una de las cosas que desarrollan. Tengo que reconocer que me dan envidia, envidia cochina-cochina, pero de la fea, eh.

Hacen cosas tan ingeniosas que no pueden servir más que de inspiración para que a uno le den ganas de dejarlo todo y ponerse a trabajar así. Así de bien, así de divertido, así con ¡detalle!

Si es que basta con echar una ojeada a sus trabajos, a sus colaboraciones, a sus creaciones, para convencerse de que de verdad tienen un talento que les desborda como una catarata.

Sobre todo: hacen cosas diferentes (¡por fin, alguien se distingue!), cosas que nadie había hecho y lo hacen muuuuuy requete-bien. Tienen personalidad y estoy segurísima de que no dejan indiferente ni a un solo individuo de los que se topan con ellos.

Además, me encanta la historia de cómo crearon su empresa, de cómo creyeron en crear algo nuevo y cómo se tiraron en plancha a hacer lo que más les gusta en estos momentos difíciles que están logrando acobardar hasta al más valiente.


Y bueh! tenía que confesar: ¡Me encantan! ... pero digamos la verdad; la verdad de la buena: Me da una rabia bárbara que Mr. Wonderful no se me haya ocurrido antes a mí.

lunes, 5 de marzo de 2012

Creatividad en el lenguaje

Esta tarde, escuchando la radio, me encontré con una entrevista que me interesó mucho. Evidentemente, cuando oí que hablarían del lenguaje, fuera en la vertiente que fuera, ya puse todo mi sentido del oído al servicio de la conversación.

Volumen alto en la radio de la cocina mientras echaba unas verduritas en su olla para hacer una rica crema de verduras y toda mi atención.


El tema de entrada trataba el sexismo en el lenguaje, que ya de por sí, resultaba prometedor. Por lo menos a mí me lo parece porque, como buena mujer que soy,  creo que es más importante la forma en que se dicen las cosas que lo que se dice en sí (¿no somos todas un poquito así? ¿a que sí?). La cuestión; como se hablaba de lenguaje, hablando hablando, se colaron otros temas. Uno de ellos me hizo pensar que debía compartirlo con ustedes porque, en cierto modo, lo vemos cada día acá, en la red. Eran los nuevos sentidos de palabras que antes sólo contaban con un significado y que, gracias a las vueltas que da la vida, la tecnología o el simple paso de los tiempos acabaron ampliando sus acepciones hasta ser casi irreconocibles.

¿No se pusieron a pensar que palabras como ratón, bajar, subir, colgar, descargar, correo, aplicación, virus, cable, móvil y muchísimas otras, antes eran sólo una cosa? Fíjense si cambiaron los tiempos que ahora, en cuanto las oímos, el primer significado que nos viene a la mente es el de más reciente creación.

¿Qué fue de Mickey? Ya no es EL ratón.
¿Y bajar y subir? ¿No lo hacíamos con las escaleras?
¿Y colgar? Colgábamos la ropa al sol a secar...
¿Y no descargábamos el coche el domingo por la tarde cuando volvíamos del campo?
¿Y 'aplicación' no era lo que ponía en la etiqueta de detrás de las cremas para explicar cómo usarlas?
¿Y el correo no llegaba en sobres?
¿Y el virus no nos dejaba en cama una semana?
...

Pero cómo somos de creativos que hasta modelamos el lenguaje a nuestro gusto y piacere para adaptarlo así como nos da la gana... si es que no podemos estar sin crear, eso es lo cierto.

Si tienen ganas y unos minutos, escuchen el enlace. Es bien entretenido.

lunes, 16 de enero de 2012

Que te vayas con la sensación de haber recibido un regalo de valor

Ayer, entre café con leche, periódico y tumulto en la cafetería de mi pueblo (siempre fui chica de ciudad pero estoy encantada con mi vida puebleril), me leí de cabo a rabo éste artículo que ya por su título me atrapó.

Estoy tan convencida de todo lo que dice que podría asentir al principio y final de cada párrafo. ¿O no nos pasó a todos eso de ir a una conferencia, seminario, curso, clase, charla o cualquier evento donde se exponga un argumento en el rompimos el récord de bostezos y nos dieron ganas de romper la mesa de un cabezazo para poder echar un sueñecito?

Yo soy de la opinión de que la culpa es del, a veces mal llamado, "comunicador". Así de crudo, es su responsabilidad. Es cierto que hay temas más duros de pelar que otros, pero toooodo puede llegar a ser interesante dependiendo del modo en que te lo cuenten.

Hace como mil quinientos años (una ya tiene una edad), tuve en la universidad un profesor de Derecho Civil (sólo oir el nombre de la asignatura dan ganas de salir a toda velocidad pegando con los talones en las posaderas). Su tarea no era fácil: captar la atención de adolescentes con códigos y leyes redactadas de forma soporífera no era coser y cantar. Pues bien, debo decir que supo entretener, supo hacer de aquello algo que recordar. Gracias a él no sólo aprendimos algo sino que apreciamos el valor de la materia y lo colocamos rápidamente en un puesto de honor fuera del de los profesores rolleros sin vocación de transmitir.

Todos, seamos más o menos exigentes, acabamos dando un valor supremo a que la exposición sea entretenida y, si es divertida ya ni hablemos. Como dice el artículo, lo ideal es salir con la idea de que valía la pena atender.

Si tienen dos minutitos no dejen de leer el artículo de Ferrán Ramón Cortés porque da que pensar.



Acá unos extractos interesantísimos del artículo y moralejas:



"Hablar es transmitir información,... Comunicar es, además, mover una emoción".
"...en nuestra comunicación tenemos la obligación de ser impactantes"
"...que, con el paso del tiempo, nuestra presentación sea la que se recuerde".
"Si todo es importante, nada es importante".
"La mente es una criatura metafórica"... "como más disfruta es con una buena historia,...".
"Es mucho más fácil recordar una buena anécdota que una precisa información".
"Somos curiosos por naturaleza, y prestaremos atención aunque solo sea para conocer el final". 
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