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viernes, 16 de marzo de 2012

Lo contrario del otoño es...

¡¡¡Primavera!!!
Y da la sensación de que está por llegar.
A lo mejor me equivoco y da igual porque a mí el invierno también me gusta (el pobre tiene muchos enemigos).
La cuestión es que, como este inverno fue especialmente duro en algunos lugares, de repente alegra empezar a ver colores y flores en todas partes (¡cómo somos!). Seguro que digo ésto y este fin de semana se viene la tormenta, pero al mal tiempo, cosas requete lindas de fotos sacadas de Pinterest.

Además esta temporada da mucho juego.

Cuando te vas a pasear ves ésto:


 Te dan ganas de adornarlo todo estilo La casa de la Pradera (Familia Ingalls, para el cono sur):


Querés comprarte ésto:


O confeccionar ésto:
 Te pega por plantar semillas para ver si sale ésto (con la esperanza de comer pesto varias veces):


Se te ocurre ir a comer con amigas y pedirte un postre asesino como éste:


Querés cocinar cosas así (creyéndote que estás en una peli de Disney porque con un poco de suerte te saldrá algo ligerísimamente parecido a ésto):


Pasarías todas las tardes de manualidades en un ambiente así (cualquier parecido con mi realidad es pura coincidencia):


Con telas con éstos estampados (que se llevan mucho ahora, que yo lo sé):


Y te apetece comer cosas como éstas (porque son fáciles de hacer y preferís, con el tiempo que te sobra, dar un paseo y mover el pandero):


Si éste fin de semana pueden hacer cosas así, saquen fotos y nos lo cuentan el lunes.

(Paradojas de la vida: a pesar de ésto, me dan ganas de participar en el intercambio otoñal que organiza este blog... Cosas de la sangre y la tierra, vio?)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Día 17: En mi bolso (in my bag)


Claro, ¡cómo no va a pesar! Si es que la contractura que tengo en el lado izquierdo podría ser perfectamente debida a una carga excesiva de "por si acasos" en el bolso... Por si acaso hace sol, los anteojos; por si acaso tengo que anotar algo, la agenda; por si acaso me despeino, el cepillo; por si acaso no puedo lavarme los dientes, los chicles; por si acaso estornudo, los pañuelos, más un sinfín de artículos de "reconstrucción o retoque" ya que a lo largo del día una va perdiendo brillo y es necesario recomponer lo que a la mañana parecía reluciente y a la tarde se ve mustio o falto de esplendor.

Estoy segura de que los hombres se preguntan qué demonios llevamos ahí dentro, pero todas las mujeres estarán conmigo en la idea de que absolutamente todo lo que llevamos es ne-ce-sa-rio, aunque pese una tonelada y nos haga doler la espalda. Al fin y al cabo eso es lo de menos.
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