Mostrando entradas con la etiqueta belleza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta belleza. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de enero de 2014

Hoy quiero ser... como ella

Hace unos años, mientras estudiaba, como parte de una asignatura me tocó traducir un libro. El libro lo debía elegir yo y, no me pregunten cómo, acabé topándome con el de una chica de más o menos mi edad que trabaja en aquello que le apasiona y que creó un negocio desde el principio partiendo de su pasión. El título: Tranquilista.



Ella, la escritora, se llama Kimberly Wilson y hoy en día dirige dos escuelas de yoga en Washington, diseña una línea de ropa bio, escribió dos libros casi tres y organiza retiros tanto en América como en Europa con un éxito extraordinario.

En su libro explica cómo crear un negocio desde cero partiendo de una misma y, aparte de contar su experiencia, da consejos para que las lectoras (principalmente femeninas ya que todo su mundo lo es y mucho) inicien su actividad profesional a partir de ideas muy simples. Todo ello rodeado de infusiones exquisitas, flores en el pelo, mascotas amorosas, rosa, mucho rosa y algo de glamour.

Su blog muestra paso a paso el recorrido de su vida donde entra todo: trabajo, pareja, mascotas y proyectos combinados con historias personales, fotos, repaso de sus actividades semanales, relatos de encuentros con admiradoras, alumnas, aprendices, gurús, figuras inspiradoras y recomendaciones varias en forma de tutoriales en audio y video. En resumen, una marca muy personal que inspira a quienes van en busca de un rumbo profesional y casi casi también de estilo de vida.


Su público es muy concreto; mujeres, fans o con cierta curiosidad por el yoga, por lo natural, con respeto por los animales, pasión por lo femenino y ganas de elevar lo cotidiano, o de convertir en relevante todo lo que les rodea, de hacer que cada momento y aspecto de su vida esté impregnado de detalles que la hagan más interesante o más plena. ¿A quién no le interesa?

De vez en cuando me acuerdo de entrar en su blog y debo decir que siempre me dan ganas de empezar algo. Si hiciera caso al impulso debería hacerlo mañana mismo. Ella sí que hizo eso que leí hoy en un tablero de esos geniales de Pinterest -"Tu trabajo ideal no existe, tienes que crearlo tú"-, y le funcionó.

Un día de estos les cuento algunos de los consejos que da y entre todas decidimos si ponerlos en práctica es verdaderamente una opción. Mientras tanto, dénse una vuelta por su página y díganme si las inspira.





viernes, 25 de noviembre de 2011

Estilísimo



No consigo engancharme a ninguna serie. Bueno, en realidad, tampoco lo intento demasiado. Veo que todo el mundo comenta cómo se convierte en adicto semana tras semana pero yo, nada de nada. Inmune total.
Ahora bien, últimamente vi en publicidad imágenes sueltas de Mad Men y debo confesar que lo que me tiene enamorada es su estilismo, aunque vaya acompañado de una poderosamente cautivadora irrealidad.

Esos vestidos, esos peinados, esas señoras glamurosísimas encorsetadas en esos trajes de cintura imposible, con esos looks tan impecables que parece que duermen de pie (pies con las uñas pintadas de rojo brillante). Esos señores guapos a rabiar con sus camisas tan planchadísimas que parecen recién estrenadas en cada escena y que ni tosen ni se manchan de aceite cuando meriendan en el bar ese bocadillo de jamón y tomate.

Cuando veo alguien así por la calle (no pasa todos los días, debo advertir), así de aspecto perfecto, pulido, brillante y arrasador, no me creo que haga vida normal. No me lo creo pero confieso que me gusta pensar que sí. Que a pesar de eso se levantan preciosas ellas y elegantes ellos. Que no sudan ni se despeinan, que no tienen ojeras, que no les duelen los tacones, que no les aprieta el cinturón y que tampoco les crece el pelo donde no tiene que crecer. En el fondo sé que no, que no es posible, pero me gusta pensar que hay gente con tanto brillo personal que no le hace falta nada de todo eso. Que resaltan y punto. Y aunque yo no lo consigo, no soy envidiosa ni nada de eso. Simplemente navego por los blogs para encontrar la inspiración que me permita un día tener estilazo total y cuando los veo pienso en que están divinos (porque la 'envidia elegante' no cuenta como sentimiento malicioso... ¿o sí?).







A ver si esta noche consigo no dormirme y ver un poquito del capítulo de hoy.

martes, 1 de noviembre de 2011

Día 26: Algo viejo (something old)


Parece mentira pero hoy esta hoja del calendario ya es vieja. Pasó. Es historia.
Ahora mismo voy a pasar la página porque hoy ya es 1 de noviembre. Y será sorpresa, porque mi hermana Ceci (que también es fan del calendario de Fotogramas de cada año por culpa de esas fotos taaaan glamourosas) me tiene prohibido cambiar la hoja antes de tiempo o espiar a ver cuál es la siguiente imagen. Dice que tiene que sorprenderte. Ella lo compra, lo cuelga y no espía ni un poquito. Espera pacientemente al primer día del mes para, con mucha calma, pasar la hoja y darse una alegría con la foto del mes que empieza. Son todas lindas y en todas salen actrices de esas "que ya no hay", de esas con la piel perfecta, formas redondas, con estilazo, peinados imposibles y vestidos de esos que marcaron época. Sí, de esas, de las "de antes".
Y lo peor es que cada vez que cambio la página pienso que mañana me voy a peinar así o que voy a ir a trabajar entaconada, con mucho rímel o con un vestido negro de esos de cena de gala o entrega de Oscars. Al final, me levanto corriendo, hago café con leche, me ducho, corro por toda la casa porque se hace tarde, lo que me quiero poner está sin planchar, no tengo ganas de ir incómoda así que los zapatos que me quiero poner no me pegan con lo que llevo puesto y, al final, ni me acuerdo del glamour (qué bien suena: "glamouuuuuur").
En fin, que hago lo que puedo, pero está claro que a las 7 de la mañana cuesta mucho ser como Marilyn.

viernes, 30 de septiembre de 2011

sábado, 24 de septiembre de 2011

Día 17: En mi bolso (in my bag)


Claro, ¡cómo no va a pesar! Si es que la contractura que tengo en el lado izquierdo podría ser perfectamente debida a una carga excesiva de "por si acasos" en el bolso... Por si acaso hace sol, los anteojos; por si acaso tengo que anotar algo, la agenda; por si acaso me despeino, el cepillo; por si acaso no puedo lavarme los dientes, los chicles; por si acaso estornudo, los pañuelos, más un sinfín de artículos de "reconstrucción o retoque" ya que a lo largo del día una va perdiendo brillo y es necesario recomponer lo que a la mañana parecía reluciente y a la tarde se ve mustio o falto de esplendor.

Estoy segura de que los hombres se preguntan qué demonios llevamos ahí dentro, pero todas las mujeres estarán conmigo en la idea de que absolutamente todo lo que llevamos es ne-ce-sa-rio, aunque pese una tonelada y nos haga doler la espalda. Al fin y al cabo eso es lo de menos.
Blogging tips