Mostrando entradas con la etiqueta pesonal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pesonal. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de julio de 2013

Ver la vida de otro modo



No solamente me fijé en el labrador que lo acompañaba, como tengo por costumbre, todo él me llamó la atención. 

Eligió el asiento libre que estaba justo frente a mí. Era un hombre atractivo, de unos cuarenta y pico. Alto, castaño, bien afeitado y con aspecto casi deportivo. Llevaba una mochila pesada y se dirigía a la perra por el nombre de Suni. 

Su mirada no parecía perdida  pero, a pesar de eso, me costaba mantener la vista fija en sus ojos.  En cuanto se sentó, abrió la  mochila y sacó una especie de walkie-talkie con auriculares y se los colocó con cuidado. De vez en cuando tocaba botones buscando no sé qué tipo de sonidos. No era una radio, ni un teléfono, era un aparato que más bien parecía cumplir una función no sólo útil sino imprescindible para él. Me pregunté qué sería pero no llegué a saberlo.

Me dediqué a observarlo con detalle, a él y a la perra alternativamente.  Quise saber cómo era su relación y averiguar hasta qué punto estaban compenetrados. Ese vínculo humano-animal tan vital para ambos siempre me resultó más que fascinante. 

Al llegar a la parada enrolló el cable con cuidado y guardó los auriculares en el mismo bolsillo de donde los había sacado. Se levantó decidido y caminó hacia la puerta con seguridad. Yo, oculta en mi anonimato, seguí contemplándolo unos pasos por detrás. 

Un pequeño inconveniente con el torno de salida me dio la oportunidad de acercarme y dirigirme a él.
-         Esta salida está cerrada, pasa por aquí – le dije.
-         Gracias – dijo, dejando pasar primero a Suni y siguiéndola de cerca. 

Esta breve intervención por mi parte, dio lugar a una petición por la suya.
– Quizás me puedes ayudar.  Necesito encontrar la salida que me lleve de la Rambla hacia abajo. 

Era la primera vez que yo llegaba a aquella estación pero, no sé por qué, supuse que sería más fácil para mí  que para él encontrar el camino. 

Subimos las escaleras y le acompañé sin dejar de hablarle. Le pregunté por la edad de la perra y alguna otra trivialidad. Durante la conversación detectó mi acento y eso dio pie a una introducción propia de un encuentro entre extraños ocasionales con ganas de conocerse.

Después de caminar dos calles, cruzar otras dos y acompañarlo hasta donde necesitaba, me despedí dándole la mano.
-¡Qué mano tan grande tienes! – dijo sonriendo-  ¡Y qué fuerte es! Me gusta― comentó.Y agradeciendo el paseo se fue caminando con Suni calle abajo con la certeza de quien sabe a dónde va.

No pude quitármelo de la cabeza durante varias horas. 

Mientras me marchaba en la dirección opuesta seguí preguntándome cómo sería su vida. Mi capacidad de empatía brotó a flor de piel y por unos minutos intenté imaginar su día a día, su compañía y también su soledad. La soledad de la oscuridad en la que estaba irremediablemente sumido a causa de no poder ver. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

La vida, hoy


Como una imagen, o varias, valen muchas palabras, cuando una anda falta de éstas últimas se pone y hace un collage que lo resume todo.

1. Paseando por el parque
2. Un edificio con aire colonial cerca de casa
3. Nela tomando el sol como la reina que es
4. Un mensaje en forma de cartelito decorativo
5. Lilly en la gloria bendita mientras me hacía compañía
6. La plaza del monasterio
7. Una floristería donde tienen de todo lindísimo-carísimo
8. La sobrina más linda del mundo mundial que existe en la faz de la tierra y alrededores
9. Un escaparate con perro de verdad incluido

Lindo día, sí.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Estoy

Ando media desaparecida. Lo sé. Perdón, perdón. Cuando yo sigo un blog y veo que durante varios días no hay novedades me da lástima. Que no les dé a ustedes, eh. Que no, que no.

No crean que no pienso en contarles todo lo que anda pasando, pero es que no tengo casi tiempo de sentarme. Ya saben, próximo traslado, dejar todo cerrado y limpito, saludar (no despedir, no, no) a los amigos y preparar alguna que otra maleta. A todo ésto, comerme todo lo que tengo en la despensa y el congelador (uufff... :-) y reducir a lo mínimo los objetos merecedores de transporte.

¡Pero si nos vamos acá a la vuelta! Cerquita, muy cerquita. Lo que pasa es que uno tiende a estar muy rodeado de objetos y es una costumbre linda por una parte, agobiante por otra, sobre todo en caso de mudanza.

No pasa nada. Al final siempre sale todo bien y bordado. Eso sí, uno acaba queriendo meter los pies en agua tibia.

Lo importante es la organización. En estos casos me gustaría tener todas esas virtudes que tienen las personas a las que quiero (y admiro): la capacidad de organización de Isabel, el humor de Manolita, el sentido práctico de Marga, la destreza con las gestiones de Mati, la habilidad para el orden de mi hermana Fernanda y la energía de mi hermana Ceci. Un cóctel así me facilitaría mucho las cosas.

Por suerte cuento con ellas para todo así que esto va a ser pan comido (¿por qué se dirá "pan comido"? ¿es fácil comer pan? Se vé que sí).

Y bueh, todo ésto era para pedir paciencia y perdón por la ausencia intermitente en este blog. No me gusta descuidarlo pero ahora mismo la inspiración está guardada en el fondo de una caja que pone "Frágil".

Sigan ahí, eh. No se vayan.


Blogging tips