En este momento, todo mi despligue de creatividad está en decidir si me hago la raya del pelo a la izquierda o a la derecha. Por si están deseando hacerlo y no saben cómo, la mejor manera de matar la creatividad es trabajar para una multinacional. Sí, de esas que la gente piensa que es rollo Google pero no.
Tengo la necesidad de pararme a pensar qué quiero hacer, cuál será mi próximo proyecto, pero no puedo porque mi mente sólo sirve para producir respuestas programadas a ordenes recibidas. Funciono como una máquina todo el día y, cuando llega la noche, abro los ojos y la mente y me doy cuenta de que me quedan escasos minutos para acabar la energía que tenía para toda la jornada. Antes de reaccionar, estoy ya pensando en desconectar, dormir profundamente y a empezar otra vez.
Para lo único que me queda tiempo mental es para detenerme todos los días a reflexionar por qué demonios uno tiene que dedicar todo su potencial a ejecutar acciones predeterminadas por personas que funcionan y hacen funcionar según principios que están en las antípodas de aquello en lo que uno cree. Porque la motivación brilla por su ausencia, pero la posibilidad de reprimenda sobrevuela el ambiente cada minuto esperando la oportunidad de clavar sus garras en una espalda inocente.
A lo largo de mis casi ¿20? años de distintas y muy variadas experiencias profesionales, debo reconocer que aquellas en la que me sentí cómoda y a gusto, donde no me pesó madrugar, trabajar de más, asumir responsabilidades propias y ajenas ni hacer esfuerzos para dar soluciones, fue en las que sentí que podía permitirme el lujo de ser yo. Donde ser uno mismo no estaba penalizado ni restringido, donde no se esperaba que intrepretaras un papel sino que ofrecieras aquello que sabes hacer de la manera más generosa y responsable posible. Las empresas que matan el yo, matan la motivación, la iniciativa yaniquilan las personalidades. No invitan a que te involucres ni que estés dispuesto a ofrecer nada.
Durante mi paso por múltiples trabajos en distintos lugares tuve la oportunidad de reirme a carcajadas hasta llorar, de tomar café con croissant mientras comentaba el Hola, de prestarme ropa y que me prestaran, de proponer una celebración y de que me la propusieran, de planear fiestas sorpresa, fiestas de despedida, de bienvenida, de espera de bebés, de proximidad de bodas, de dar y pedir recetas de bizcochos de chocolate, de disfrazarme con peluca para carnaval, de inventar un baile y hasta de casi casi de cocinar. Y todo eso y mucho más, ocurría mientras todas y cada una de las personas cómplices de estas actividades y yo cumplíamos con nuestro cometido de forma inmensamente más eficaz que si la sombra del halcón carroñero planeara sobre nuestras cabezas.
Creo en la motivación, en el estímulo y en el premio. Creo que lo mejor que pueden hacer las personas que tienen encomendado gestionar el personal es apoyar y guiar, pero nunca hacer sentir que ser tú (vos) te puede perjudicar.
Ahora más que nunca quiero leer, quiero charlar, quiero plantar, quiero coser, quiero escribir y quiero pensar. Pero sobre todo me gustaría cocinar otra vez la salsa en la que siento que flotan cómodamente los ingredientes de lo que soy y lo que quiero hacer.
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domingo, 13 de octubre de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
La entrevista
Todo parecía estudiado, como en una serie de policías en la que se prepara el escenario para que los intérpretes se muevan en el ambiente con toda comodidad. Entrada típica de gran organización donde todo debe parecer controlado: garita con seguridad, barrera, solicitud de identificación y semáforo de alto. Una vez dentro, el recorrido era lo suficientemente largo como para dar tiempo a pensar de qué modo hacer la introducción. En la recepción, una chica uniformada como llegada del futuro o de algún sitio donde se aprende a sonreir perfectamente, le solicitó nuevamente la documentación. Después del segundo filtro y una tarjeta identificativa para la solapa, una mano y una sonrisa amable se extendieron delante suyo para recibirla. La mano era conocida, el lugar no.
La primera puerta de cristal dejó paso a un hall alargado en el que se sucedían los grupos de dos o tres personas charlando de pie mientras tomaban café de manera entre profesional e informal. A través de los cristales entraba más luz de la que cabría por cualquier ventana convencional. Los pasillos interminables flanqueados de paredes transparentes dejaban al descubierto, a ambos lados, regimientos de trabajadores ensimismados en váyase a saber qué tipo de variadas tareas, los cuales a pesar de moverse como peces en el agua, daban la impresión de seguir una cadena de acciones previamente diseñadas para aparentar profesionalidad.
El interrogatorio, poco cálido, dejó traslucir cierta falta de experiencia en el trato con personas en quienes preguntaban. Ni un gesto en ellos, ni una palabra suya permitieron que ella sospechara si sería la persona que buscaban. El esfuerzo de los interrogadores por atravesarle la frente para llegarle al consciente y adivinar su pensamiento no fructificó. Las preguntas no eran lo suficientemente hábiles como para desvelar una reflexión sincera sino que apelaban al constante automatismo de la respuesta predecible que el interlocutor prefiere oir en lugar de la verdad.
Sólo al final, cuando la cadena de automatismos se quebró, logró por un segundo sentirse algo más afín con el entorno, cuando una de ellas, en un gesto de acercamiento mucho más personal, se dirigió a ella por su nombre y le dijo: Yo prefiero que te quedes tú.
lunes, 10 de octubre de 2011
Lo esencial
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| Viñeta de Maitena, genial como pocas |
Encontré esta frase y me encantó, y de paso les muestro este blog que me llamó la atención por la gracia con la que escribe su redactora. Se llama El gallinero de Miss Marple y la entrada es sobre una frase que hace alusión a las mujeres (uy, varones, esto se está tornando cada vez más rosa ... mmhhh), pero que creo que vale para todos en general.
"Las mujeres complacientes trabajan muy duro, las inteligentes sólo lo esencial".
Ultimamente la cosa va de trabajar poco y de ser ingenioso... se ve que me estoy replanteando mis ocupaciones. Por eso tanta valeriana por las noches, para no despertarse y ponerse a planear.
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