Otras veces ya les mostré cosas lindas que hace Elephantine. Esta vez es una receta sencilla que uno puede casi improvisar un día de esos en que caen visitas sorpresa.
No sólo la receta es tentadora sino que el video es precioso por su sencillez y ese halo casi blanco que lo inunda todo y hace que todos parezcamos nórdicos ;-)
El video ACÁ.
jueves, 25 de abril de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Y me regalaron un título para mi cumpleaños
En mi vida (y la de mis hermanas) hay tres tías fundamentales. Lucy, Betty y Mary. Y cuando digo fundamentales es porque no encuentro un adjetivo que las describa mejor. Cada una en su estilo nos lo dieron y siguen dándolo todo: son generosas sin límite, son cariñosas sin medida, están siempre presentes, en todos los momentos importantes y no tan importantes. Están dotadas con los poderes típicos de una madre en forma de tía: adivinan estados de ánimo, se esfuerzan por alimentarte bien y rico, te obligan a abrigarte si hace fresco y te animan ante cualquier proyecto que emprendas. No saben decir que no, te tratan igual que a sus hijos y, a pesar de sus edades -super bien llevadísimas pero, seamos realistas, no en la veintena- no dudarían ni un minuto en deslizarse en rappel desde una altura de 100 metros para rescartarte si te quedaras suspendida de una cuerda mientras hacías escalada en un fin de semana de escapada a las montañas.
Eso es una tía.
Y lo cuento así porque tuve que hacer un ejercicio de inventario para saber cuáles eran esas cualidades que las definen y que tan bien las caracteriza, gracias a las que hicieron que pensemos qué suerte la nuestra por tenerlas en nuestras vidas. Digamos que ésto es una especie de homenaje a ellas. Llamémoslo así. Pero acá, entre nosotras, les confieso una cosa: de fondo hay un interés oculto. Mi intención es examinarlas muy minuciosamente. Situarlas bajo el microscopio y abrir en canal ese comportamiento, esas actitudes, esas charlas, esas circunstancias y esos momentos para estudiarlas con un fin muy claro: Estoy decidida a plagiarlas.
Es que este mes fue mi cumpleaños (uno muy importante con cambio de prefijo -ya saben-) y mi hermana me regaló algo grande, muy grande. Tan grande que pesó más de 4 kg y tiene un bracito fuerte bajo el cual me trajo, bien enrolladito, un diploma con mi título de TÍA.
En contra de casi todo pronóstico nació apenas unos días después de la Semana Santa, tiene cabellera morenita y es simplemente pre-cio-sa. Se llama Camila y duerme inundada de paz. Tiene la cara rosadita y apenas con diez días ya es ordenada para comer y dormir. Su boquita es perfecta, sus deditos son largos y sus pies como almohadillas. Le gustan los brazos pero se conforma con dormir en su cama si hace falta y no exige más que lo imprescindible: comer y descanso. No le molesta posar y les aviso que es muy fotogénica, porque por culpa de la distancia nos vamos viendo así, en imágenes. Los días que hay más suerte o más tiempo nos deleita con unas pataditas o algún que otro bostezo en vivo y directo, a través de Skype.
Y con una sobrina así, yo no podía menos que adquirir algo de formación como tía. No se puede postular una a un cargo como éste y no saber cómo lo desempeñará. Es importante y requiere dedicación. La experiencia la empezamos a ganar ahora, día a día, para ser tía presente y no perderme nada de lo que la vida le traiga.
lunes, 25 de marzo de 2013
Ayer lloré de pena y de risa
Sí, de pena. Esa es la peor parte. De verdad que me tocó el alma. Una persona cuya única posible fortuna podría haber sido perder la cabeza pero no, en sus cabales. Durmiendo o intentándolo en el habitáculo de un cajero automático a las seis de la tarde. Con la voz sin pausa de una radio por única compañía y un rollo de mantas y abrigos por mobiliario. Imagen desesperanzadora como pocas. Enternecedor el hecho de que junto a él hubiera un envase de leche entera y algo que parecía cacao. Todos hubiéramos pensado que el vino casaba más con la situación, pero aseguró que no bebía. Nos lo contó cuando nos dirijimos a él para cerciorarnos de que estaba... "bien". La conversación fue corta pero me desgarró por dentro. Pidió perdón por estar recostado y se sentó para responder a nuestras preguntas. Preguntas que sólo pretendían acompañarlo en su triste existencia durante breves instantes. Hablaba claro y con cordura, eso es lo más triste. Dijo que el dinero que le dimos serviría para tomar o comer algo y comprar pilas para la radio. No bebo, eso no, pero sí que tengo el vicio de fumar, nos contó.
Y lloré. Lloré porque la vida es injusta y nadie merece no tener un colchón, calor o un alimento. Lloré porque eso pasa en una calle cercana a la de gente que recorre media ciudad en un BMW en busca de un papel pintado importado para su comedor donde cena solomillo con foie. Lloré porque gente así es invisible aunque nos corte el paso sin querer. Lloré porque no supimos más que ofrecerle unas monedas para facilitarle la tarde, que no alegrársela. Para eso sólo le dimos un poco de conversación.
Y quizás lo que más me hizo llorar fue que íbamos de camino al teatro. A ver comedia.
Y lloramos de la risa.
¿La vida es una paradoja o sólo me lo parece a mí?
Y lloré. Lloré porque la vida es injusta y nadie merece no tener un colchón, calor o un alimento. Lloré porque eso pasa en una calle cercana a la de gente que recorre media ciudad en un BMW en busca de un papel pintado importado para su comedor donde cena solomillo con foie. Lloré porque gente así es invisible aunque nos corte el paso sin querer. Lloré porque no supimos más que ofrecerle unas monedas para facilitarle la tarde, que no alegrársela. Para eso sólo le dimos un poco de conversación.
Y quizás lo que más me hizo llorar fue que íbamos de camino al teatro. A ver comedia.
Y lloramos de la risa.
¿La vida es una paradoja o sólo me lo parece a mí?
lunes, 18 de marzo de 2013
In-condicional-mente
Piénsenlo detenidamente ¿Con cuántas cosas son ustedes incondicionales en la vida? Yo, con pocas, la verdad.
Con el Nesquik sí. No lo abandono por el primer cacao que se me pone delante, pero también lo era con la mayonesa Hellmann's y ahora mismo ya me da igual cualquiera, sea ligera o no. Lo era antes con mi champú, pero hubo un momento en que me empezó a costar muchísimo ser fiel porque, como no cumplía todo lo que prometía en el envase, dejé de dar segundas oportunidades.
Tampoco lo soy con los fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, etc. Yo voy, les cuento mis problemas con la espalda, rodilla, lumbares y achaques en general y siempre prometen, confianzudos ellos, que me lo arreglarán ahí mismito y que ya veré qué bien, pero lo cierto es que nunca dan en la tecla tan mágicamente como predican, así que me voy y si te he visto no me acuerdo. Otros con los que no soy para naaaaada incondicional son los/las peluqueros/as. Ya conté en alguna ocasión mi conflicto permanente con el gremio. Rara vez me voy con sonrisa y casi nunca vuelvo. Lo mejor/peor es que cuando tenía 20 años disimulaba y les decía que me gustaba aunque rabiara por dentro pero ahora, como soy casi el doble de madura, ya no me importa en absoluto decir la verdad y que piensen que soy una tiquis-miquis o hasta incluso una histérica. Esto tiene un toque extravagante ¿no creen? Es más, casi espero con impaciencia a que acaben para poder hacer el numerito ;-) Ventajas de hacerse mayor, que son pocas, pero graaandes.
Y en cuanto a seres a otro nivel, soy incondicional con mis amigas y con Woody Allen, y eso es porque cualquier cosa que hagan me parece que está bien. Y no es que esté dispuesta a mirar para otro lado si hacen algo que no me gusta. Simplemente me gusta lo que hacen y ya está. No lo analizo. La pena es que esta lista acaba de sufrir una baja inesperada. Un miembro honorífico y, hasta ahora, bastante bien posicionado, acaba de caerse desplomado.
¡Pero Pedro, por favooooooor! Desde "La mala educación" no me dabas un disgusto así. Y mirá que me cuesta estar ahora pregonando que "Los amantes pasajeros" es lamentable, pero no me queda más remedio. Estoy tan sorprendida de tu desgana transparente, de tu evidente falta de esmero, de tener que aceptar que no se vé tu sello por ningún lado, de que parece que te divertiste pero que no pensaste en divertir, de que ya no te ponés nervioso ante los retos, que estoy pensándome dejar de ser tu fan incondicional (bueno, probablemente sufra de condicionalidad interruptus, porque quizás vuelva a caer en la ciega ilusión pre-estreno alguna vez) pero lo de hacerte buenísima propaganda a cambio de nada se acabó.
Como todas, esta última película me hizo salir corriendo a verla el mismo día de su premiere (si hay algo que no puedo consentir es leer críticas y escuchar comentarios de gente que ya vio las películas y no haberlas visto yo) y todo para comprobar que al cabo de una hora, mientras seguía esperanzada, tu esencia seguía sin aparecer.
Es triste contarte que no me enamoré de ningún personaje, que no quise el peinado de ninguna de las actrices ni el papel pintado de la casa del protagonista. Que no me reí a mandíbula batida ni salí corriendo a buscar esa música embriagadora. Que no me emocioné hasta la médula, no lloré lagrimones ni carcajeé hasta la campanilla. Que no se me hizo un nudo en la garganta ni tuve miedo de que encienderan la luz antes de limpiarme los mocos. Que no me olvidé durante dos horas de que al día siguiente tenía que hacer la compra y lavar la ropa de color... Así que te digo una cosa: eso, más que ver una película, es una verdadera pena, porque el cine sin eso no es cine y los fans con condiciones no son fans ni son nada.
Pequeña aclaración: No pude, por más que lo intenté, utilizar el término en plural que recomienda la RAE. Sé que ustedes sabrán perdonar... eso de poner "fanes" me suena a cualquier cosa menos a grupo de admiradores, seguidores o whatever que se le pareza... Es que habría quedado raro... ¿o no? De todos modos, como no puedo dejarlo así, ahí copio la explicación del Panhispánico para que nadie se espante.
Con el Nesquik sí. No lo abandono por el primer cacao que se me pone delante, pero también lo era con la mayonesa Hellmann's y ahora mismo ya me da igual cualquiera, sea ligera o no. Lo era antes con mi champú, pero hubo un momento en que me empezó a costar muchísimo ser fiel porque, como no cumplía todo lo que prometía en el envase, dejé de dar segundas oportunidades.
Tampoco lo soy con los fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, etc. Yo voy, les cuento mis problemas con la espalda, rodilla, lumbares y achaques en general y siempre prometen, confianzudos ellos, que me lo arreglarán ahí mismito y que ya veré qué bien, pero lo cierto es que nunca dan en la tecla tan mágicamente como predican, así que me voy y si te he visto no me acuerdo. Otros con los que no soy para naaaaada incondicional son los/las peluqueros/as. Ya conté en alguna ocasión mi conflicto permanente con el gremio. Rara vez me voy con sonrisa y casi nunca vuelvo. Lo mejor/peor es que cuando tenía 20 años disimulaba y les decía que me gustaba aunque rabiara por dentro pero ahora, como soy casi el doble de madura, ya no me importa en absoluto decir la verdad y que piensen que soy una tiquis-miquis o hasta incluso una histérica. Esto tiene un toque extravagante ¿no creen? Es más, casi espero con impaciencia a que acaben para poder hacer el numerito ;-) Ventajas de hacerse mayor, que son pocas, pero graaandes.
Y en cuanto a seres a otro nivel, soy incondicional con mis amigas y con Woody Allen, y eso es porque cualquier cosa que hagan me parece que está bien. Y no es que esté dispuesta a mirar para otro lado si hacen algo que no me gusta. Simplemente me gusta lo que hacen y ya está. No lo analizo. La pena es que esta lista acaba de sufrir una baja inesperada. Un miembro honorífico y, hasta ahora, bastante bien posicionado, acaba de caerse desplomado.
¡Pero Pedro, por favooooooor! Desde "La mala educación" no me dabas un disgusto así. Y mirá que me cuesta estar ahora pregonando que "Los amantes pasajeros" es lamentable, pero no me queda más remedio. Estoy tan sorprendida de tu desgana transparente, de tu evidente falta de esmero, de tener que aceptar que no se vé tu sello por ningún lado, de que parece que te divertiste pero que no pensaste en divertir, de que ya no te ponés nervioso ante los retos, que estoy pensándome dejar de ser tu fan incondicional (bueno, probablemente sufra de condicionalidad interruptus, porque quizás vuelva a caer en la ciega ilusión pre-estreno alguna vez) pero lo de hacerte buenísima propaganda a cambio de nada se acabó.
Como todas, esta última película me hizo salir corriendo a verla el mismo día de su premiere (si hay algo que no puedo consentir es leer críticas y escuchar comentarios de gente que ya vio las películas y no haberlas visto yo) y todo para comprobar que al cabo de una hora, mientras seguía esperanzada, tu esencia seguía sin aparecer.
Es triste contarte que no me enamoré de ningún personaje, que no quise el peinado de ninguna de las actrices ni el papel pintado de la casa del protagonista. Que no me reí a mandíbula batida ni salí corriendo a buscar esa música embriagadora. Que no me emocioné hasta la médula, no lloré lagrimones ni carcajeé hasta la campanilla. Que no se me hizo un nudo en la garganta ni tuve miedo de que encienderan la luz antes de limpiarme los mocos. Que no me olvidé durante dos horas de que al día siguiente tenía que hacer la compra y lavar la ropa de color... Así que te digo una cosa: eso, más que ver una película, es una verdadera pena, porque el cine sin eso no es cine y los fans con condiciones no son fans ni son nada.
fan. 1. Voz tomada del inglés fan, acortamiento de fanatic, que se usa, como sustantivo común en cuanto al género (el/la fan; → género2, 1a),
con el sentido de ‘admirador o seguidor entusiasta de alguien’ o
‘aficionado entusiasta de algo’. Es anglicismo asentado, a pesar de que
existen palabras españolas que, en la mayoría de los casos, pueden
sustituirlo, como admirador, seguidor, aficionado, forofo, hincha (en deportes de equipo, especialmente en fútbol), incondicional, entusiasta o, incluso, fanático.
2. Aunque está generalizado el uso del plural inglés fans, se recomienda acomodar esta palabra a la morfología española y usar fanes para el plural (→ plural, 1g), igual que ocurre en flan, pl. flanes o yen, pl. yenes: «Va en una simple silla de manos, pero a hombros de seis de sus fanes femeninas» (Sampedro Sirena [Esp. 1990] 308).
viernes, 8 de marzo de 2013
Cómo ser inocente y no morir en el intento
La inocencia es una virtud altamente apreciada en un niño, incluso en un adulto cuando representa esa buena intención, esa falta de maldad o oportunismo en la realización de una acción. La RAE la define así:
inocencia.
y a mí la acepción que me parece más acertada en este caso es la del alma limpia. Por lo del desodorante, digo ;-) Y para ver de qué hablo, lean ésto:
Un joven indio denuncia a la marca de desodorante Axe por no atraer a mujeres
Martes, 29 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 05:13h
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4 comentarios
Un hombre de Nueva Delhi, India, denuncia a la marca de
desodorantes Axe por publicidad engañosa, ya que asegura que lleva
muchos años usando su producto y no consigue atraer a mujeres, como
promete el anuncio. Bedi decidió querellar contra Axe cuando una amiga
lo golpeó con una escoba al tratar de impresionarla. Él se dio un baño
con los productos Axe y apareció desnudo frente a ella, recibiendo de
inmediato el golpe. El demandante, Vaibhav Bedi, señala que las falsas
promesas de Axe le han causado depresión y un daño psicológico, por lo
que solicita una indemnización. Como prueba entregó los desodorantes en
aerosol, con ruedita, antitranspirantes y otras lociones corporales como
pruebas para que sean analizadas por un laboratorio. Asegura que lleva
siete años utilizando dichos productos, sin que esto mejorase su
capacidad de ligar con mujeres. "¿Dónde diablos está el efecto Axe?,
lo he esperado durante siete años, desde que estaba en el colegio hasta
ahora que trabajo en una oficina y ninguna mujer ha accedido a salir y
tomarse una taza de té o café conmigo, pese a que estoy seguro de que
pueden oler mis perfumes y desodorantes, ya que siempre me los aplico en
abundancia", declaró el joven en la demanda. Mientras tanto, la empresa
comercializadora de los productos Axe, ha decidido no pronunciarse.
Es que las mujeres (hoy que es nuestro día, 'nos' dedico esta entrada) somos inocentes cuando hay que serlo, pero no tanto como para caer en las garras de este personaje que por pecar de ingenuo casi que hasta despierta cierta compasión.
Como extra genial, echen una miradita a los comentarios.
(mención honorífica al de Red Bull)
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